De Princesa a Prinzesa…

De princesa a prinzesaAy, alteza, la que se te viene encima. Dicen las malas lenguas que ya lo sabías desde marzo. Así que imagino que habrás tenido tiempo de hacerte la corona a medida, seguro que has elegido una tiara que pese poco y brille mucho. Algo sofisticado por tu posición que no descuide tus orígenes civiles. Intuyo que será una joya mezclada con dotes de realidad y diamantes en bruto, que no te deje marcada la frente, ni se te incline hacia la izquierda, cual vulgar Miss de certamen.

Tendrías que haber contado tú la noticia y te has convertido en protagonista, una vez más. ¿No echas de menos tu libertad? Salir a trabajar por las mañanas, tener a Urdaci de compañero de fatigas, cenar con tus amigos y conocer príncipes, incluso ponerte unos vaqueros… Sí, ya he visto que, en cuanto te quitas los tacones y los vestidos de Aníbal Laguna, eres una más. Pero, por la puerta de Zara, aun no te hemos visto pasear.

Eso sí, se te acabaron los conciertos por la puerta trasera. No se puede estar en misa y repicando. Aunque debo reconocer a tu favor que el título de princesa indie te sentaba bien, mejor que ser la reina del pop, ¿no crees? Ahora tus escapadas nocturnas serán contadas y bien documentadas por los cientos de paparazzis a los que de repente vas a importar. Porque debes saber que, por muy bien que te lleves con tu suegra, aun no le has quitado todas las portadas. Es cierto que igual ella hubiera renunciado antes al papel couché, pero gracias a los líos corintios de tu suegro, tuvo que mantener la sonrisa ante la cámara más de lo que deseaba.

Disfruta de tu ascenso, míralo por el lado positivo. Estar parada o con la agenda a medio gas, sabemos que no va contigo. Tú corta el bacalao, aprovecha para supervisar los mensajes navideños, rellena las anticuadas estampas familiares de modernidad, háblales a tus hijas del FIB, incluso deja que suene The Killers en palacio, pero ten cuidado, no sé si tu esposo soportaría de nuevo que lo mandaras callar en público.

Una periodista de tu calidad, que se llegó a colar en una mezquita iraní bajo un velo oscuro, tan oscuro como el color del chapapote que debiste explicar a miles de ciudadanos, debe ocupar un trono bien aposentado y coger las riendas de su carroza. Nada de Cenicientas sin zapato o de Blancanieves con escoba, tú debes ser una reina en mayúsculas, pero evita, y haznos el favor, convertirte en madrastra de cuento. Que la mala fama cuesta de purgar. Y si no que se lo pregunten a tu cuñada…

Me han dicho que no cambiáis de domicilio familiar. Yo también pienso que con los tiempos que corren, sería un despilfarro innecesario. Y además, Ikea, un sábado por la tarde, en hora punta, está imposible. Recuerda que el cotilleo es deporte nacional, y haz lo posible por mantener el titular de amor humilde e incondicional que nos vendiste hace diez años. Algunas casi nos lo creemos, no nos defraudes.

En cuanto la gente deje de tomar las plazas pidiendo opinar y ejerciendo su democrático derecho a cuestionar el desprestigiado papel de tu familia política, el camino será mucho más sosegado. No te preocupes. Son cuatro rojos, cinco quizás, abanderando sus ropas moradas, que jamás van a ser escuchados por las altas esferas. Lo tienes todo a tu favor, piensa que en un par de semanas, tres a lo sumo, la gente empieza a coger vacaciones y, como tú bien sabes, la portada de los periódicos dejará de ser la Operación Zarzuela para dar paso a la Operación Biquini.

A tus pies…

Jimena.

Fotografía de María Chamón. 

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