Tapadas y anuladas

Camina a buen ritmo. Va ligeramente cargada. Pasea con un destino claro al cual, seguramente, llegue tarde. Cada vez que dobla la esquina tengo la sensación que, al inclinarse, la carga le descompensa el peso y la desequilibra. Se recupera con facilidad y sigue. De vez en cuando alza la cabeza para ampliar su campo de visión. Y de nuevo recupera su posición original.

No se entretiene en mirar el paisaje urbano por el que se mueve como pez en el agua. Arrastra los pies provocando un ruido al que ya se ha acostumbrado. Las desgastadas suelas de sus zapatos, también.

Se llama Fátima. Tiene treinta y tantos, supongo. Los ojos negros bañados por una raya negra trazada casi perfecta. La mirada se pierde en cuestión de segundos. No se mantiene firme. Nada le llama la atención lo suficiente como para permanecer en ello más de diez segundos.

Trabaja en la tienda de su marido. Venden cestos de mimbre a turistas en una plaza que huele a especies. Creo que no tienen hijos. O quizás sean ya mayores. El caso es que ha dejado el negocio a toda prisa en cuanto ha tenido una oportunidad. Allí es cuando la he seguido.

No habla inglés. De hecho no habla. Solo asiente. Y limpia el suelo de la tienda. Pero no habla. Y no ve. Pero si oye. Yo también oigo, por eso sé que se llama Fátima. Y que algo debió hacer mal, también lo supongo. Creo que así trato de entender el tono que usó su marido al llamarla. Y la reacción de ella al salir. No se hacia donde se dirige. Pero tiene prisa.

Lleva un vestido negro. Largo. Muy largo. Y unos guantes. También largos. Lleva calcetines. Y zapatos de suela gastada. Eso ya lo dije. Regreso a la parte de arriba. Tiene ojos negros. Eso también lo dije. ¿La boca? No se. ¿La nariz? ¿Si tiene el pelo largo? ¿Moreno? Tampoco lo se. De hecho no le veo el anillo de casada. Así que no sé si es su marido. Ni siquiera puedo intuir su edad por las arrugas de su piel. No las veo.

Está bien. No se más de ella. Ya casi ni la veo. Solo sé, y porqué lo he oído, que se llama Fátima.

 

Jimena

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2 pensamientos en “Tapadas y anuladas

  1. el vals de la mariposa Autor de la entrada

    Me alegro que te haya conmovido, no me gustaría dejar indiferente.
    Más allá de la belleza, respecto a lo que te doy toda la razón, es una realidad, cruda y terrible realidad. Haciendo de altavoz de lo que pasa estamos actuando para evitarlo.
    Gracias por seguir aquí.
    ¡Un abrazo!

    J.

    Responder

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