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Astrid y la transición

¡De vuelta al cole!
Yo no sé vosotros pero para mí, el final de las vacaciones estivales, es tal lastre que necesito el mes de septiembre y parte de octubre, de transición para hacerme a la idea.
Lo primero a comentar: por Dios, ¡qué significa ya de primeras el color amarillo-lechoso que tiene mi piel! ¿Qué significa que con unos cuantos lavados el moreno se va? Como si me hubiera puesto la crema autobronceadora, que por cierto, cabe decir, que no la utilicéis en la vida, que pareceréis Espinete. (Era naranja, ¿no?)
Pero es que aquí no se acaba porque, ¿qué me decís del cambio de ropa? Como mínimo se necesita todo un domingo, y lo peor no es eso, lo peor es parecer una cebolla en estos días porque yo al menos me llevo el jersey de punto, la chaqueta, el pañuelo para el cuello y no sé que chorradas más para llegar tarde y tener que sacarme hasta los calcetines del calor que hace. Sobretodo, tengo que dejar constancia que en la vida, repito, jamás en la vida, chanclas con calcetines blancos, antes que se me caigan los dedos de los pies del frío,  ¡pero si parecen vendados! Sigo.
Pero señoras y señores, el mayor lastre de todos es, sin duda, la propaganda infinita de ofertones de gimnasio. ¿pero eso qué significa exactamente? De acuerdo que en verano no le hacemos un asco a una cervecita y unas bravas, ni a un helado después de una paella, ni a un mojito detrás de otro, ni a unas tapas con un buen vinito blanco, ni a un cine con palomitas, ni… bueno ya paro, pero, parece que fuera de vida o muerte no aprovechar el superofertón de matrícula gratis y personal training que te diga lo foca que estas. Ayer mismo salí a correr un rato por la tarde y aquello parecía las Ramblas, si es que la gente iba con la equipación entera, cinta de pelo a lo Jane Fonda, incluida.
Y para colmo hoy en la impresora del trabajo me encuentro con una rutina de gimnasio: 4X15 de bíceps, 4X15 de abductores…. ¡Parad ya! Parece una cuenta atrás, como si no hubiera más problemas mundiales que sacarte el maldito flotador que se te ha quedado…
Pues que lo sepáis, que esto no acaba aquí, porque aviso a navegantes: en dos meses estamos en Navidad y vuelta a empezar con la operación verano, así que digo yo, no es mejor dejarlo estar y si un caso, ¿en Semana Santa nos  lo planteamos?Yo me pregunto: si tan a gustito hemos estado este mes con un kilito de más, no podríamos ponernos todos de acuerdo y decir: ¡que me quiten lo bailao, y punto!
Escúchenme bien los del marketing de las ofertas para cachas y modelos de portada: ¡a mi no me la coláis!
Por cierto, que mal educada, aquí despotricando y yo sin saludar: soy Astrid + 1Kg. o 2.
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Próxima parada: mi pueblo de verano

Tren con destino a Tarragona, próxima parada Castelldefels.

Cojo el asiento de la ventana, el que queda a la derecha del vagón, lo tengo controlado, sé que cuando dejemos la Barcelona industrial de la periferia  empezaré a ver la costa de Sitges y ese es el mejor momento del trayecto.

Me dispongo a prepararme escogiendo buena música y estirando las piernas, pero no, una chica se sienta delante de mí.

 -Perdona, ¿puedo?

Su voz suena débil pero dulce. Es morena, con pequitas en la nariz por los efectos del sol, debe tener unos 17 años, camiseta de tirantes, shorts y victorias sin cordones. Por supuesto, gafas de sol marca Rayban. Constitución atlética, de piel dorada y movimientos suaves. Lleva el pelo largo, despeinado y juega a enrollar un mechón mientras contempla como el paisaje se aleja.

Me viene el recuerdo de días de adolescencia, cogiendo el tren hacia el pueblo de veraneo, se podía incluso fumar y el ronroneo del tren era fuerte pero capaz de hipnotizarme, prefería escucharlo a poner música en el walkman tamaño XL. Soñadora, esta es la palabra. El viaje me transportaba hacia el pueblo pero mi mente se deslizaba a películas de adolescente.

Me imagino que estaría pensando esa chica, sería uno de esos veranos inolvidables, de esos que dejan un recuerdo dulce, color de puesta de sol.

Tren con destino a Tarragona, próxima parada Sitges.

Gente nueva sube al tren. Un chico se sienta a mi lado y ya desde un principio las miradas se cruzan. Ella se sonroja y mira por la ventana sabiendo que el reflejo la volverá a delatar. Él decide sacar un cuaderno y un lápiz y se pone a pintar. Escucho un aleteo familiar.

Yo, espectadora de un nuevo serial, veo como va dibujando un rostro, un perfil, y cada trazo me confirma que sí, que es ella.

Tren con destino a Tarragona, próxima parada Torredembarra.

Es mi parada, quedan 15 minutos, el dibujo ya está acabado, ¿tendrá el coraje de dárselo? ¿Se lo quedará para él? Pienso que no me puedo quedar con este final, que tengo un  papel en este capítulo y decido actuar. Me levanto y ¡zas, el cuaderno cae al suelo!

Contemplo el cliché: ella mira el dibujo, lo mira a él, se sonroja de nuevo y dice: ¿soy yo?

Me bajo del tren y al girarme veo que sí, las mariposas alzan el vuelo.

Astrid