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Víctimas de nuestra propia herencia

Resulta evidente que después de la revolución sexual femenina, de la ruptura del amor romántico y del nacimiento de una joven e independiente señorita que se desenvuelve por las calles mostrando una elegante seguridad en sí misma, tenía que llegar la herencia. Una herencia esperada, la consecuencia de tales cambios, que no podría tardar demasiado en dejarse ver.

Víctimas de nuestra herencia II

Pero, ¿qué contiene esa herencia? ¿Quién la lee? Y lo que es más importante ¿quién la recibe? Les aclaro algunas de estas dudas, no se apuren.

Hemos llegado a enamorarnos de ella, una mujer culta, informada, leída y viajada. Plenamente autónoma, independiente y necesitada de amor y espacio a partes iguales. ¿Cómo gestionar eso? Ellas suelen ser las primeras que discuten consigo mismas sobre los límites de la presencia del otro en su día a día, compartir cena y cama es genial. Sin embargo, abrirte una botella de vino, poner los pies encima de la mesa y fumarte un cigarro con tu música de fondo, es uno de los mejores planes en solitario que se han inventado a lo largo de la historia. Para resolverlo se han inventado los días alternos, dónde los planes son conocidos por ambos participantes, y obviamente respetados. En el mejor de los casos, se pueden cruzar cuando el plan de la botella de vino puede ser compartido, y nos damos cuenta que el momento piernas encima de la mesa, gana en calidad al bajar la música y subir el volumen de una buena conversación.

Otro de los puntos de la herencia es el estira y afloja. ¿Hasta dónde estamos dispuestas a aguantar? Está claro, y no necesitamos estudios para corroborarlo, que cada vez aguantamos menos. Yo misma me planteo que, en cuanto aparece la palabra aguantar, la cosa entra en modo peligroso y salta la alarma. No nos gustan las palabras subidas de tono, no nos gusta un reproche, no toleramos un argumento mal construido rebatiendo nuestra afirmación, y no soportamos un mal día. Aunque somos sabias al reconocer, ante quien haga falta, que un mal día lo tiene cualquiera. Y sabias también al asumir que lo que hoy no aguantamos ni por asomo, mañana nos parecerá menos pesado, y con un poco de suerte, en un par de días, hasta le buscamos el chiste.

Pesa la mochila también. No nos olvidemos que tanto cambio de pareja al final lo pagamos, y la huella que se ha creado en nuestro álbum particular, cada vez está más presente. Al dejar una relación nos prometemos, con o sin el testigo de dios, que eso no nos vuelve a pasar. Que lo de tropezar con la misma piedra dos veces, es sólo para ciegos insensatos. Y de alguna manera, vamos creando una lista imaginaria de condiciones que vamos a exigir al siguiente que venga. Siendo el siguiente que venga, una víctima más de nuestra herencia.

Repetir capítulos del pasado no nos apetece y eso está más que condicionado a nuestro día a día, poco podemos decidir. Aparecerán de nuevo problemas de convivencia, discusiones por los cuadros, molestias provocadas por nuestra particular concepción del orden y luchas territoriales por encontrar el descanso. Aparecerán miedos, fantasmas de decisiones que tomamos una vez y no nos gustaría repetir, aunque de sobras sabemos que ahora no nos temblará la mano en algo en lo que no nos tembló anteriormente.

Solución, conclusión o reflexión final en voz alta:

Partamos de cero. Observemos a quien aparezca ante nuestros ojos, valoremos uno a uno, sin olvidar, por supuesto que llevamos una mochila. Eso sí, hagámonos a la idea que el otro también la lleva. El peso de la carga es cosa nuestra.

En cuanto a los límites, creo que es sano dibujarlos en el suelo, imitando las líneas de un campo de fútbol. Apunten un trazo grueso, para que no se borren ni con la más dura tormenta.  De vez en cuando vayan revisándolos, sin perder de vista la mirada en el otro, agárrense a ellos, expongan sin temor cuales son y hasta donde llegan. Muestren al otro su línea de trazo grueso. Que no le coja por sorpresa si, llegado el día que se los salta, usted cierra definitivamente el círculo y el otro queda, por real decreto suyo, fuera de él.

Bienvenidas de nuevo. Siempre vuestra,

Jimena.

Fotografía de María Chamón.
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La inestabilidad de la media naranja

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La media naranja no existe. Olvídense.

Harta de leer manifiestos falsofeministas en los que se defiende un amor tradicional, cansino, resultado de una cosecha edulcorada en la que, insisto una vez más, Disney y su descendencia, hicieron mucho daño.

En primer lugar: el príncipe azul no llegará. ¿Podemos dejar de presionar a nuestros chicos exigiéndoles que les corra sangre real por las venas? Hacen lo que pueden, lo hacen lo mejor que saben y algunos de ellos hasta derraman lágrimas y se despiertan a media noche con sudores fríos empujados a un estado emocional del que somos poco conscientes. Bien, igual exagero un poco, pero he sido testigo de ese malestar provocado por el desamor o la ruptura, en la piel “socialmente insensible” del hombre.

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_MG_8753En segundo lugar: No sirve usar a nuestras amigas de psicólogas. ¿No nos damos cuenta que solo alimentan nuestros oídos de tópicos? Me cansé de escuchar el clásico: él se lo pierde, tú vales _MG_8755mucho, es un cabrón si no se da cuenta de cuánto lo has querido. O el tormentoso “no te preocupes, que si te quiere de verdad volverá, sino es que no te quería”. ¡Qué no, carajo!

¿Podemos usar de una vez esa inteligencia de la que nos han dotado, o supuestamente dotado, para pasar por el proceso de duelo? Seamos rompedoras y empecemos por rasgar nuestro discurso de víctimas de las relaciones frustradas.

En tercer lugar: tristeza sí, pero con matices. Nada de recrearse en ese bucle del subsuelo contaminado por Bridget Jones y helados de chocolate. Un ratito basta.

Sigo: ¿Mensajes públicos? Sean sutiles señoritas. No adopten actitudes Obregoniles más propias de mujeres celosas, enfermas y posesivas. La comunidad que les sigue en facebook no hará nada bueno con sus comentarios e indirectas lanzadas para atacar al que ya se sabe que lo está leyendo. Es más, probablemente lo usen en su contra cuando localicen el foco de su verborrea incontenida. Eso sí, obtendrá un numeroso grupo de fans. Aunque sirven de poco en los peores momentos.

Por último, y no menos importante, podríamos empezar a usar términos como relaciones sanas, compatibilidades y necesidades cumplidas por negociación. Una relación finaliza, y no es la única.

A riesgo de quedar como una frívola aclararé que en los últimos años he dejado, he sido dejada y he derramado algo más que lágrimas en sacos de angustia e impaciencia. El insomnio y la ansiedad me han acariciado por las noches. Y puedo decir, con la cabeza bien alta, que superar una relación y resolverla no son conceptos sinónimos.

Asumamos nuestro egoísmo innato, gritemos en medio de la calle que somos seres únicos y aceptemos, de una vez por todas, que con las medias naranjas, lo mejor que se puede hacer, es zumo.

Jimena.

Fotografía María Chamón

Entre mujeres

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Cada vez que hablo con Carmen por teléfono sube el pan.

Supongo que esas cosas me las cuenta a mí porque sabe que en esta especie de conciencia absurda que tengo cabe cualquier cosa.  Le contó a Pedro lo de la niñita esta tan mona que le pidió una cita, sí, la del cine del domingo. Pues me imagino que es porqué había quedado antes con él, pero lo de la chica ésta le apetecía, por probar…

Por supuesto, a mí me parece perfecto, no tanto que se lo cuente, sino que quede con ella. Oye, cada una a lo suyo, ¿no?

La verdad que estaba nerviosa, era la primera vez y sin experiencia como que la cosa parece un poco fría al principio. Pero pensó que podía ser divertido. Parece que siempre lo ha tenido en mente y se le presentó la oportunidad. Se conocían del parque, de pasear a los perros. Pues se le acercó y le preguntó lo típico, que si la raza por aquí, que qué tipo de pienso come por allá… Y una cosa llevó a la otra, hasta que le propuso la cita. Carmen no, la otra.

Cuando llegó a casa, saliendo del badulaque, se encontró a Pedro en la esquina y se lo soltó, así, en plan emocionada.

¿La respuesta de Pedro? Sorprendentemente típica ¿Puedo ir yo también?  ¿Os aguanto las palomitas…? Carmen se puso a reír y se fue a casa directa a llamarme por teléfono. Estaba como un flan. ¿Y si no hay feeling? Eso le dije yo, pues como con un tío que conoces en la discoteca. Sólo que le faltarán un par de copitas en el cuerpo para desatarse. Al final la cosa es igual, sólo que, del cuerpo que tienes delante, conoces cada rincón de placer. Además si la chica tiene experiencia lo mejor es que se deje llevar, ¿no?

Yo pensé lo mismo, qué típico. Es obvio que sigue existiendo esa fantasía en la mente masculina. ¿Un trío yo? Pero con dos tías, sino nada. Un clásico. Si supieran lo que pensamos…

Pues no se mucho más, supongo que mañana me contará. Si veo que se agobia con el tema quedamos las tres y le cuentas que no hay para tanto. Después de la primera vez siempre repites, ¿verdad? Todavía me acuerdo cuando me contaste lo de Andrea, que graciosa estabas disfrazada de no sé qué, con la camisa de cuadros arremangada.

Venga, hasta mañana niña,

Jimena.

Unas risas con Marcos González

catsiiMarcosIMarcos tiene 34 (y medio). Se define como desarrollador de cosas divertidas. Vive feliz con Ana, su pareja. Lo primero que me cuenta es su nuevo proyecto en común: un piso que está reformando con sus propias manos. Y añade que hay que cambiar de vivienda al menos cada cinco años, cuestión de renovarse y empaquetar la vida. Aunque lo de tirar trastos todavía le cuesta. Algo que le preocupa es cómo educar a un hijo. Lo ha vivido de cerca, y con respeto, con su sobrino Lucas. Está convencido que le dedicará gran parte de su tiempo a enseñar a su hijo la manera tradicional de hacer… Alguien le tendrá que contar cuáles son los antepasados de las pantallas táctiles.

¿Te habían entrevistado antes?

Pues, a parte de entrevistas de trabajo, no. Y te aseguro que me noto más presionado ahora!

¿Nervioso?

Si si, pero es ese nerviosismo que apetece, del que quieres más.

Cuentanos un chiste, para ir calentando motores…

Jajajaja! Que te pidan un chiste es lo peor. ¡¡Bloqueo total!!
Ahí va: Dos amigas que van a una manifestación y llega una con 40 bates y 40 condones y le dice la otra: “Pero tía, ¿dónde vas!?” Y la otra le contesta: “¡Qué me he liado!, no sabía si íbamos a montar un follón o a ¡follar un montón!”

¿Sabes que me recuerdas a alguien? Un personaje de cómic… ¿Cómo se llamaba?

Pues no lo sé, espero que a Lupin. Siempre me ha encantado este personaje, simpático, listo, divertido… ¡Y ladrón de guante blanco! Es mi profesión “platónica”

Siempre te vemos contento. ¿Tienes días malos?

Más que días malos, tengo ratos malos. Pero siempre intento estar contento cuando estoy con la gente, creo que las vidas de la gente son ya bastante complicadas como para tener que aguantar a alguien con cara de amargado o que sólo habla de sus problemas.

Durante muchos años has trabajado en una empresa de juguetes. ¿A qué jugabas de pequeño?

Es mi tercer trabajo relacionado con el mundo del juguete. ¿¿Síndrome de Peter Pan?? ¿¿Quién, yo???
Me encantaba jugar a juegos de construir cosas: Lego, Tente (que viejo me hace quedar esta marca) etc… Y también el Trivial, a la versión de los 80 no me gana ni Dios, mi mejor amigo y yo nos sabemos las preguntas de memoria!

Y ¿A qué juegas ahora?

Ahora trabajo en una empresa buscando juguetes, con lo que juego con todo lo que me pasa por las manos. Y cuando quiero seguir jugando en casa hago bricolaje, cocino, me voy a dar una vuelta en moto…
Al final, en lo único en que noto que me estoy haciendo mayor, es que ahora me puedo comprar yo los juguetes que quiero!

¿Hablamos de amores?

¿¿En plural?? Nunca he creído mucho en el amor cuando es considerado como algo eterno, pero ahora con Ana ya no me preocupa la eternidad, intento disfrutar cada día con/de/para ella. Y si aun me aguanta después de 4 años, es que algo irracional hay por ahí que une a las personas.

¿Despacito y buena letra o te tiras a la piscina aunque esté vacía?

Depende de para que… me encanta planear, pero pocas veces lo cumplo!

Y la vena marujilla que tienes…

Soy muy cotilla, en mi grupo de amigos tienes que estar atento a todo o corres el riesgo de perderte unas buenas risas.

Oye, ¿tú sabes que se cuece en las bodas?

He oído que en las bodas las chicas soléis hablar de los vestidos, de la comida… nosotros nos reímos del marrón en el que se está metiendo el novio y casi siempre ¡con él delante!

Marcos en la cocina. ¿Tenemos material para un programa de TV tipo Arguiñano?

Jajajaja, ¡tenemos material para hacer una serie!
Me encanta cocinar, es mi momento. A veces estoy en silencio concentrado, a veces con música, a veces bailo, a veces hablo en italiano/francés/alemán imitando a grandes cheffs… Cocinando desconecto del mundo y soy feliz.

Habría que verlo…

¡Eso te costaría dinero!

Si pudieras pedir un deseo…

Ser famoso por inventar algo!

¿Qué hay en la agenda de Marcos para los próximos meses?

Tuve una coach que me dijo: “Demasiada energía mal enfocada” y me recomendó imponerme rutinas, disciplina y cansarme cada día… Así que en mi lista de objetivos hay: Triatlones, cambio de casa, leer libros, proyectos lucrativos…

¿Una coach?

Sí, una persona que te hace pensar y me hizo darme cuenta de lo que en realidad quería, lo que me gusta, como mejorar… ¡Es fantástico! Y sirve para varios aspectos de la vida, en mi caso me ayudó con mi vida profesional.

Si no lo pregunto me matan: Para los 35, ¿habrá fiesta?

¡Depende de cómo vuelen las mariposas!

Una exclusiva para el Vals…

¡Pronto espero endulzaros la vida a todos!

By Jimena.

Yo, manipuladora

Yo manipulo

Tú lo sabes

Él no se da cuenta

Ella también manipula

Nosotras lo decimos

Vosotros lo negáis

Ellas callan

Soy la reina de la manipulación. Y lo digo manipulando, desviando su atención hacia mi declaración, obligando al lector a leer esto, dejando a un lado otras buenas razones. ¿Sigues ahí?

Leerán lo que yo diga, escucharán lo que yo escriba, pensarán de mí lo que yo pida. Algunos lo harán conscientes. Me habrán pillado. Atrapada y consentida. Otros no se darán ni cuenta. El juego entonces sigue. Yo gano.

Tú lo empiezas a adivinar, así que tengo que ser hábil, moverme rápido y pensar en frío.
En cambio a ti no te engatusé jamás. Y me dejaste seguir jugando, seguir creyendo que no te dabas cuenta. Y yo convencida que lo sabías. Tú convencido que no tenía la menor idea. Un engaño absurdo, un silencio estúpido. Ambos lo sabíamos y decidimos dejarnos manipular. La manipulación consentida como concepto suena raro, pero así la viví y así la defino.
¿Qué por qué lo hago? No sé, me sale innato. Al principio lo hacía sin saberlo. La típica caída de ojos, un cambio de tono de voz aparentemente inocente, o incluso cambiar de idioma para pedir algo con un sonido suave y dulce. Esas son las típicas. Y son evidentes, predecibles formas de manipulación. Las hay peores. Mentiras. Verdades a medias. Llantos ficticios. Mucho teatro. El Óscar a la mejor actriz… A medida que me hice mayor me hice consciente que disparaba a menudo con mis armas de seducción. Un día, saliendo de la ducha, me miré al espejo y dije en voz alta: soy una manipuladora. El espejo, con una forma algo cruel, me devolvió un ¿y ahora qué? Me guiñé un ojo, dejé caer la toalla al suelo, apagué la luz y me marché.
No sólo soy manipuladora con los hombres. No elijo, me sirve cualquiera del que quiera una aprobación, un sí o un simple “estoy conforme”.
Y seguí viendo como el ritmo lo acababa marcando yo. Como mientras aplicaba  mis nuevas estrategias el objetivo se dibujaba cada vez con más nitidez. Y eso me daba cierta seguridad, saber que tarde o temprano me saldría con la mía.
¿Miedo al reconocerlo? Un poco. Siempre asusta decir lo que eres. Igual alguien lo lee y decide  no volver a confiar en Jimena. Y sería una pena que por una confesión cargada de intención y sujeto alguien la aplicara al pie de la letra y me pasara factura tomando unos vinos cualquier noche. Aun así estoy tranquila. Tal y como dije al principio: yo manipulo y un artículo lleno de ficción, mentiras, verdades a medias, mucho teatro y dotes de subjetividad, no me va a callar.
Y tú ¿te reconoces?
Buenos días,
Jimena.