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Los piropos se agradecen

La tradición de los piropos bonitos se está perdiendo. 

A esta conclusión llegué en una de nuestras reuniones mariposiles. Mucho piropo vulgar, algún “guapa” que se escapa de la boca del típico tío con el que te cruzas en un mal día, y más de lo de siempre: cruce de miradas con ese hombre interesante que no se atreve a preguntar. Llamadme clásica, vale, ¿pero a quien le amarga un dulce?

Carla nos cuenta el piropo que la ha dejado sin respiración. Os pongo en situación. Carla, treintañera monísima, siempre estupenda, va camino del curro. De lejos ve un grupo de obreros en la hora del desayuno. Respira hondo y con paso firme decide avanzar y continuar con su camino. De repente se queda helada al oír que el obrero turno (no nos engañemos: el piropo y el obrero van de la mano) se levanta, se distancia de sus compañeros y subiendo el tono de voz, le suelta: “Me iba a poner a desayunar, pero me tengo que levantar para decirte lo bonita que eres. ¡Guapa! Porqué mira que eres guapa”.

Después de regalarle tal lindeza, mi amiga se queda de piedra. Le suben los colores y se da cuenta que le acaban de alegrar la mañana. Hacía tiempo que no escuchaba algo tan original para halagar a una mujer. Claro que sí, señorita. Como decía nuestra amiga gaditana, hay que agradecer. Carla se gira coqueta, y le dedica una de sus mejores sonrisas. Muchas gracias, hombre, le contesta. Que tenga un buen día.

Dejamos atrás el típico “te voy a meter de todo menos miedo”, o el vulgar “tengo los huevos cargaditos de amor” para dar paso a un decidido “Eso es andar y lo demás es pisar el pavimento” o uno que me dejó muerta en medio de la calle que decía algo así como “Para que luego digan que los monumentos no andan”.

¡Olé tú! Obvio que (a algunas) nos gusta que nos digan que somos guapas, que estamos buenas, o que nos pegarían un polvo aquí mismo. Pero siempre con cariño, señores. No jodamos…

Una viejita me contó una vez, que en sus años mozos un guardia civil se arrodilló al verla pasar y le dijo: Espere un momento, señorita. Voy a buscar una alfombra ahora mismo, que un bombón como usted, no debería pisar el suelo.

Por desgracia, tradiciones como esta se están perdiendo. Y no debemos permitirlo. Gruñan cuando oigan “te voy a meter más rabo que cuello tiene un pavo”. Y si pueden hasta se lo devuelven con un “ni de coña te vas a comer tu este cuerpo, capullo”. Pero ante todo agradezcan los piropos que les hayan sacado una sonrisa. Que se enteren por nosotras de lo que nos gusta. En momentos de crisis, al menos, podremos decir, que nosotras ya se lo avisamos.

Jimena 

Queremos agradecer al compañero de Astrid. Sin su información de primera mano hubiera sido realmente difícil recopilar tanto piropo. ¡Un saludo y mil gracias!

Fotografía de Charles Ebbets

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