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Mi versión de lo nuestro (II)

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Quedaban diez minutos para las siete en punto. Su avión salía a las siete y pocos minutos del aeropuerto de Barcelona.

Desde que Miranda regresó de Londres nada tenía sentido. Había estado encerrada en un universo minúsculo repleto de muros de hierro que habían hecho complicado el acceso por la puerta principal.

Pasamos algunas temporadas en casa, juntos y bien encajados, y otras en las que no éramos más que dos desconocidos que nada tenían que decirse. Yo evité enfrentarme a sus miedos, a sus dudas y a su autodiagnositacada depresión a la que jamás otorgué credibilidad. Estuve erróneamente convencido durante mucho tiempo que aquel cuadro de ansiedad era la consecuencia de varios años como actriz de teatro.

Cuando decidimos poner, una vez más, distancia en nuestra relación, me sentí aliviado. No sabía capear en una plaza cerrada y llena de polvo acumulado de sus anteriores relaciones. Sin embargo no pasó un solo día que no la echara de menos. Y quizás era cierto que debía haber enviado un mensaje a tiempo, pero quería mantenerme firme en mi decisión. Dar señales de vida hubiera sido volver sobre mis pasos, bajarme los pantalones, y siempre pensé que las mujeres no quieren a un tipo indeciso y de intenciones variables, hubiera pensado que estaba jugando con ella, y en el fondo confié que ella daría de nuevo el paso cuando saliera de su obnubilado estado emocional.

No tenía ni idea de cuando regresaría de ese viaje que tanto ansiaba al centro de lo espiritual, nada menos que hasta India se trasladaba. Había que tener mucho valor para hacer algo así, salir de su círculo de seguridad con una maleta medio vacía y el billete de ida en el bolsillo, me parecía admirable. Siendo sincero debía reconocer que sentía incluso algo de envidia por la decisión que había tomado, entendía que no había vuelta atrás y que aquella vez la distancia sería más cruda que en anteriores ocasiones. Aun así me encantaría acompañarla, empezar de cero y poder disfrutar de su encantadora sonrisa al despertarnos juntos en cualquier hotel del norte de Rajastan, bebiendo té y disfrutando de la salida del sol tras algún lago sagrado rodeado del humo del incienso que desprenden los templos.

Lo único que podía hacer era dejar de luchar contra la necesidad de enviarle un último mensaje y desearle suerte. Tenía que ser escueto, eso sí, no me hubiera gustado provocar en ella la más mínima duda en el momento previo a emprender una aventura de tal magnitud. Hubiera sido egoísta por mi parte.

Pensaba firmar con un punto, nada de interpretaciones abiertas. Miranda sabría que seguiría aquí si en algún momento decidía regresar. Y una vez enviado, apagaría el móvil y me iría hasta la playa, seguro que, desde allí, podría ver las cosas de otro color.

Sin embargo, al recoger el móvil para emitir un rotundo adiós, pude apreciar como la luz de la pantalla se encendía. Era ella. Me había escrito desde la sala de espera del aeropuerto, y me decía que me quería acompañando su expresión de un simple adiós. Nada más.

Pablo.

Texto de Jimena.

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Víctimas de nuestra propia herencia

Resulta evidente que después de la revolución sexual femenina, de la ruptura del amor romántico y del nacimiento de una joven e independiente señorita que se desenvuelve por las calles mostrando una elegante seguridad en sí misma, tenía que llegar la herencia. Una herencia esperada, la consecuencia de tales cambios, que no podría tardar demasiado en dejarse ver.

Víctimas de nuestra herencia II

Pero, ¿qué contiene esa herencia? ¿Quién la lee? Y lo que es más importante ¿quién la recibe? Les aclaro algunas de estas dudas, no se apuren.

Hemos llegado a enamorarnos de ella, una mujer culta, informada, leída y viajada. Plenamente autónoma, independiente y necesitada de amor y espacio a partes iguales. ¿Cómo gestionar eso? Ellas suelen ser las primeras que discuten consigo mismas sobre los límites de la presencia del otro en su día a día, compartir cena y cama es genial. Sin embargo, abrirte una botella de vino, poner los pies encima de la mesa y fumarte un cigarro con tu música de fondo, es uno de los mejores planes en solitario que se han inventado a lo largo de la historia. Para resolverlo se han inventado los días alternos, dónde los planes son conocidos por ambos participantes, y obviamente respetados. En el mejor de los casos, se pueden cruzar cuando el plan de la botella de vino puede ser compartido, y nos damos cuenta que el momento piernas encima de la mesa, gana en calidad al bajar la música y subir el volumen de una buena conversación.

Otro de los puntos de la herencia es el estira y afloja. ¿Hasta dónde estamos dispuestas a aguantar? Está claro, y no necesitamos estudios para corroborarlo, que cada vez aguantamos menos. Yo misma me planteo que, en cuanto aparece la palabra aguantar, la cosa entra en modo peligroso y salta la alarma. No nos gustan las palabras subidas de tono, no nos gusta un reproche, no toleramos un argumento mal construido rebatiendo nuestra afirmación, y no soportamos un mal día. Aunque somos sabias al reconocer, ante quien haga falta, que un mal día lo tiene cualquiera. Y sabias también al asumir que lo que hoy no aguantamos ni por asomo, mañana nos parecerá menos pesado, y con un poco de suerte, en un par de días, hasta le buscamos el chiste.

Pesa la mochila también. No nos olvidemos que tanto cambio de pareja al final lo pagamos, y la huella que se ha creado en nuestro álbum particular, cada vez está más presente. Al dejar una relación nos prometemos, con o sin el testigo de dios, que eso no nos vuelve a pasar. Que lo de tropezar con la misma piedra dos veces, es sólo para ciegos insensatos. Y de alguna manera, vamos creando una lista imaginaria de condiciones que vamos a exigir al siguiente que venga. Siendo el siguiente que venga, una víctima más de nuestra herencia.

Repetir capítulos del pasado no nos apetece y eso está más que condicionado a nuestro día a día, poco podemos decidir. Aparecerán de nuevo problemas de convivencia, discusiones por los cuadros, molestias provocadas por nuestra particular concepción del orden y luchas territoriales por encontrar el descanso. Aparecerán miedos, fantasmas de decisiones que tomamos una vez y no nos gustaría repetir, aunque de sobras sabemos que ahora no nos temblará la mano en algo en lo que no nos tembló anteriormente.

Solución, conclusión o reflexión final en voz alta:

Partamos de cero. Observemos a quien aparezca ante nuestros ojos, valoremos uno a uno, sin olvidar, por supuesto que llevamos una mochila. Eso sí, hagámonos a la idea que el otro también la lleva. El peso de la carga es cosa nuestra.

En cuanto a los límites, creo que es sano dibujarlos en el suelo, imitando las líneas de un campo de fútbol. Apunten un trazo grueso, para que no se borren ni con la más dura tormenta.  De vez en cuando vayan revisándolos, sin perder de vista la mirada en el otro, agárrense a ellos, expongan sin temor cuales son y hasta donde llegan. Muestren al otro su línea de trazo grueso. Que no le coja por sorpresa si, llegado el día que se los salta, usted cierra definitivamente el círculo y el otro queda, por real decreto suyo, fuera de él.

Bienvenidas de nuevo. Siempre vuestra,

Jimena.

Fotografía de María Chamón.

La muerte de las mariposas

En ocasiones dudo sobre el sentido de esta lucha, de la reivindicación del amor libre, del derecho a sentir, a querer y a pedir ser querido.

A los treinta hay muchos que ya se rindieron, que aceptaron no volverlas a ver. Acceden a enamorarse de otra manera, y se escudan en que no tienen 15 años. Otros usaron la red y las cazaron. Muchos de éstos las ahogaron al no permitirles volar y las mariposas murieron de pena. Otros, sin embargo, les dieron espacio suficiente para que siguieran vivas. Si ese espacio fue grande, algunas aprovecharon el despiste del vigilante para escapar a otro lugar.

No distingo entre sexos, no hay distinción de clase social, ni siquiera de origen. Hago una distinción entre dos tipos de personas: los creyentes y los ateos.

Los primeros viven sumidos en la ilusión de ser algún día elegidos por la flecha de aquel ángel ridículo que iba en cueros disparando flechas a diestro y siniestro. Mientras no llegue, les pasarán por delante infinidad de opciones que descartarán buscando cualquier excusa. Anhelando que llegue esa persona completa, el 50% de su plenitud.

Los otros, los ateos. Deciden no creer. No confiar en que esa persona existe. Nadie les parece encajar con su lista de deseos. Demasiado guapa, poca conversación, envejecerá mal, no es el padre de mis hijos… Absurdas respuestas a preguntas equivocadas. Y encuentro el punto en común con los anteriores. Dejarán pasar de largo muchos trenes mientras se quedan sentados observando el reloj de la estación.

Mientras tanto, en algún lugar del mundo, ellas siguen allí, sobrevolando nuestras cabezas. Y se posarán sobre aquellas personas que decidieron disparar. Aquellos que las mantenían vivas en sus sueños. Los que las esperaron sin desesperar. Los que se decantaron por sentir sus emociones dejando a un lado la razón.

Por el hueco que deje la bala se escaparán. Y las reconocerán, son ellas. Las sutiles, atentas y valientes mariposas.

Y tú, ¿qué hiciste con ellas? ¿Disparaste?

 Jimena

La previsión del tiempo

 3 de febrero. Soleado. Temperatura casi veraniega.

Buenos días Jimena. ¿Como va el curro? ¿Nos vemos para cenar? Me apetece repetir velada, y quiero verte. Bss

Esta noche no puedo, tengo cena con las niñas. ¿El siguiente finde? Bss. También quiero verte.

4 de febrero. Se despierta el día nublado

Ei, tranquila. El siguiente me voy a Madrid por trabajo y  volveré en diez días. Ya nos vemos a la vuelta.

5 de febrero. Nublado. Los próximos días, lluvia.

Ok, tranquilo. Ya lo encontraremos. Que vaya bien el trabajo. 😉

12 de febrero. Empieza a despejar.

¡¡Guapísimo!! ¿Qué tal tu viaje? Que buenos bares hay en Madrid. ¿Fuiste al Sunset? Te veo pronto. Un beso…

14 de febrero. San Valentín. Solo despeja en algunos puntos del país.

Niña, bien, increíble. Una gran reunión. Si todo va bien viajaré a menudo a Madrid. Esta noche he quedado para celebrarlo. Un beso guapa.

24 de marzo. Antes de llover, chispea.

Jimena, ¿como va todo? Siento mi ausencia. El proyecto de Madrid está en el horno. Te veo a la vuelta. No olvido la cena que me debes. ¡Cuídate morena!

26 de marzo. Empieza a caer lluvia en puntos localizados.

Bien, gracias. Ya pensaba que te quedabas en Madrid. Creo que no te debo nada. Bss

26 de marzo. Sigue esa lluvia suave, pero constante.

Oye linda, ¿no te habrás enfadado? Niña, ya sabíamos lo que había. Somos aves libres, y tu eres mariposa, ¿recuerdas? Además, seguro que estás guapísima. Aish, que ganas de tocarte, de olerte y disfrutar de ti otra vez…  No ligues mucho, que nos conocemos. ¡Un besazo preciosa!

27 de marzo. Empieza a despejar en puntos localizados.

Definitivamente te has equivocado. Que ciego has estado todo este tiempo. Cuídate. 

Conversación extraída del móvil de Jimena. (Con su permiso, claro)

Nos vemos a la vuelta

Nos vamos unos días de vacaciones. Algo fugaz, para recargar pilas, digerir los primeros meses de mariposas bailarinas, y crear nuevas propuestas frescas y divertidas que seguro os van a seguir entreteniendo. 

Creemos que Astrid se va a la montaña, a investigar su lado más rural. Unos días de chirucas y forro polar no le vendrán nada mal. Con un poco de suerte la tendremos sentada frente a la chimenea muy bien acompañada. 

Jimena se va de retiro espiritual. Es más bien un plan de calma, meditación y reflexión. Eso es lo que nos ha contado. Igual os la encontráis en los bares, de cañas, haciendo lo que para ella es un verdadero acto de reflexión. No cuenta a dónde exactamente se retira, así que opciones hay unas cuantas. Aunque lo más seguro es que se acerque al mar para poder acariciar la brisa.

Ya nos contarán a la vuelta…

Nosotras os proponemos que descanséis, aprovechad para dormir como marmotas y para hacer galletas y pringaros de harina hasta arriba.

También podéis leernos. Os proponemos algunos de los artículos que más éxito han tenido Jimena y el Sexo, Mujeres valientes o  el recientemente publicado Astrid y el Kleenex 

¿Os acodáis del primer regalo que recibimos? Lo averiguaréis en Empieza el Vals… 

Si queréis investigar sobre el blog, quienes somos y para que hemos llegado hasta aquí, podéis leer el primer post que publicamos. La foto es muy chula…

Bien, y si además de leer todo esto dejáis vuestros comments, seremos las mariposas más felices de la faz de la tierra. 

Felices días de descanso, 

Besos. 

El Vals