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Tic- tac (part II)

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Recojo la cocina sin dejar ninguna miga de pan, vuelvo a comprobar que haya cerveza en la nevera, el mando del televisor preparado, estiro las fundas del sofá sin dejar ninguna arruga, preparo las zapatillas en la entrada, caliento la cena que he preparado esta mañana en el microondas y la alerta se dispara. Pongo atención y oigo como sube el ascensor.

Me espero y sí, se ha parado en nuestro piso.

Escucho atentamente las pisadas y sí, arrastra los pasos, arrastra los pasos… Por favor, que acabe bien el día, que acabe bien el día, mierda… Que acabe bien el día…

Oigo las llaves que empiezan a bailar y se empotran con la cerradura. Pienso: mierda, no encuentra el agujero para meter la llave, hoy no acabará bien, Paula, hoy no acabará bien…

Céntrate Paula, que no note que estas aterrorizada, céntrate, respira, serénate, todo irá bien, que no note nada extraño…

Se abre la puerta y pienso: tranquila. Respira, pero la boca se me seca, y me cuesta tragar, que no se dé cuenta por favor… ¡No puedo! Hoy toca.

Repasa Paula, ¿se te ha olvidado alguna cosa? ¿he hecho algo mal? ¿se me ha escapado algo?

–       ¡Paula! Coge el paraguas que está chorreando, ¿qué no oyes como llueve? No querrás que entre y lo deje todo hecho una mierda, ¿no? Cuantas veces te he dicho que estés atenta… Esta mujer no sirve ni para lavar platos…

–       Ya voy…

Me doy prisa por coger un trapo de la cocina y corro hacia el rellano para ir a buscar el paraguas. Llego y me esmero por no dejar ninguna gota y llevo el paraguas a la bañera para que se acabe de secar, cuando de repente oigo:

–       ¿Y la cena? ¿No la has preparado?

–       Sí, ya voy…

Corro hacia la cocina, emplato la comida y la llevo a la mesa donde él está esperando, saco la cerveza de la nevera, la dejo delante de su plato, un poco a la derecha y me siento delante suyo, disimulando que me seco las manos que me sudan desde que ha llegado.

–       ¿Y la niña?

–       Ya duerme, estaba muy cansada porque hoy ha hecho piscina.

–       ¿Tú no cenas o qué?

–       Pues…

–       ¿Ya has cenado?

En este momento tengo la sensación de mareo, siento como una especie de vértigo que hace que no pueda decidir qué decirle porque el miedo se apodera de mi cuerpo y me paraliza. ¿Qué le digo? ¿Que ya he cenado? ¿Qué significa “ ya has cenado”?

–       ¿Qué estas sorda o te has vuelto más subnormal de lo que eres?

–       Emmm…

–       ¿Qué no entiende que no me gusta cenar solo?

–       Sí, sí, sí, ahora iba a servirme un plato para mi.

Abro el armario de los platos y rezo para que no vea como me tiembla la mano. Me sirvo, con la mala suerte que me cae un macarrón al suelo y deseo por Dios que no lo haya visto, que pase desapercibido este error pero… Hoy no tengo suerte, yo no valgo una mierda, soy una desgraciada, ¿qué pretendes Paula?

–       ¡Serás imbécil, ni para servir platos sirves, patética!

–       Lo siento de veras, no se volverá a repetir, lo siento, de verdad, de verdad, de verdad…

No llores, Paula, será peor… Pero no tengo fuerzas, es demasiado, y una lágrima que aguantaba como una campeona resbala por la mejilla a la que hoy le tocará recibir…

–       La cerveza no está abierta, ¿qué pretendes?, ¿qué la abra con los dientes?

francescawoodman

¿Cómo he podido ser tan descuidada? ¡Mierda! Mierda, mierda, lo tenía todo planificado, ¿cómo se me ha podido pasar esto? ¿Seré subnormal? Es que soy patética, es verdad…

–       ¡Pero serás inútil! ¡Cómo puede ser que no sirvas ni para abrir una cerveza! ¡Eres retrasada! ¡Sólo sirves para molestar y hacerme enfadar! ¡Me sacas de quicio, zorra!

No, no, no… que se levanta, sí, se levanta, y ya es demasiado tarde, desgraciada, sí, no sirvo para nada, inútil, más que inútil….

–       ¡Eso es lo que das, pena! ¡Guarra! Ven aquí que te enseñaré como se han de hacer las cosas. ¡Ven aquí te digo, ostia! No quieres hacerme caso, ¿es eso? Pues ya te enseñaré yo como has de hacérmelo, mala puta!

Y de lejos oigo a Marina: 1 pingüinito, 2 pingüinitos, 3 pingüinitos…

Texto de Astrid.

Fotografías de Francesca Woodman

Tic- tac (Primera parte)

Estoy esperando el ascensor, cruzo los dedos con fuerza.

Intento pensar que hoy mi hija Marina ha aprendido a tirarse a la piscina solita pero la oscuridad me persigue y me empiezan a temblar las rodillas.

tic tac I

Marina me mira desde su pequeña altura y pienso, Paula, has de ser fuerte, por ella.

Es un pajarito indefenso pero alerta, tan pequeña y ya está atenta a todos los movimientos, los capta al instante con esos ojos de inocencia y pestañas rizadas.

-Ya hemos llegado mamá – me dice saliendo la primera del ascensor

Busco las llaves en el bolso y la boca se me va secando por segundos.

Las encuentro y localizo la cerradura intentando que el temblor de mi mano no haga bailar mucho las llaves. Se me caen al suelo porque el sudor de mis manos es inevitable y sólo pienso: por favor, que pueda dar las dos vueltas, que pueda dar las dos vueltas, mientras aguanto la respiración.

Prueba superada, estamos solas, respiro de nuevo.

Me doy prisa para que todo esté listo, perfecto, sin ningún error. A veces funciona, por favor, que hoy funcione…

– ¡Marina, a la ducha que es tarde!

Me dispongo a ducharla y ella se huele alguna cosa, lo percibe, seguro. Intento disimular pero ella me comenta:

– Mamá, estás triste, ¿qué no te alegras de que ya me tire sola a la piscina? ¡El profesor me ha felicitado delante de todos los compis!

– Pues claro princesa, pero hoy es tarde, ahora rápido a cenar y a dormir.

Marina se queda con la mirada perdida y a mi se me encoge el estómago pero priorizo y pienso: que todo esté perfecto, sin sorpresas, que acabe bien el día…

Me arremango para acabar de aclarar el pelo de la niña sin recordar que el maquillaje del brazo se va de golpe.

– Mamá, ¿ dónde te has hecho este morado?

– No es nada pitufina, ayer me di un golpe abriendo un cajón, no me duele nada mira – y al tocarme para demostrar como finjo, el recuerdo que me aparece en la mente me paraliza un instante, como un rayo antes de la gran tormenta.

– Venga, sal de la ducha y ponte el pijama

Le pongo el pijama de pingüinitos que tanto le gusta y de repente me dice:

– ¿Sabes por qué me gusta tanto este pijama?

– ¿Por qué mi niña?

– Porque cuando no puedo dormir cuento los pingüinitos… hay 15 en cada brazo y 53 en cada pierna.

Aguanto las lágrimas porque la ternura las empuja hacia fuera, como si faltase sólo un dedo para que el vaso se derramara y desbordara toda la tristeza que me acompaña. Me vienen a la cabeza tantos fotogramas, pero pienso: Paula, ahora no, delante de la niña no, protege su inocencia. Y aguanto, tengo práctica, y aguanto.House 3, Providence, Rhode Island, 1975-1976_ - Courtesy George and Betty Woodman_

Vamos hacia la cocina y antes de nada compruebo que hay cerveza en la nevera. Perfecto, sí que hay y me digo: hoy lo conseguiré, hoy acabará bien el día…

Decido hacer una tortilla a la francesa con un poco de pan con tomate para Marina, plato sencillo y rápido para tenerlo todo listo lo más rápido posible.

– ¿Puedo batir yo los huevos mami? – me pregunta Marina con su particular voz de pajarito.

– Claro reina, así yo de mientras preparo el pan con tomate.

Marina empieza su pequeño trabajo de ama de casa y el ruido del tenedor con el plato hace que recuerde que ruidos los mínimos. La semana pasada ya lo provoqué, tendría que haber sabido que ese ruido no le gustaba y yo, tonta, lo seguí haciendo, no le di otra opción. Seré estúpida, lo tendría que haber intuido, el ruido no le gusta, grábatelo en la cabeza. Paula, “el ruido no le gusta”, “el ruido no le gusta”, “el ruido no le gusta”…

– ¡Marina, ya es suficiente! ¡Dame el plato que haré la tortilla!

Pienso por un momento en hacerme una para mí pero a él no le gusta comer sólo, mejor me espero, sí, será mejor, ¿o no?, a lo mejor

Noto que empiezo a perder los nervios, el miedo se arrastra desde la nuca, pasando por la espalda y tengo la sensación de que me asfixio. Intento respirar pero la opresión en el pecho es intensa, demasiado intensa, sssshhhh, tranquila, ya está…. Aguanta, sssshhhh, tranquila….hoy prefiere cenar solo. ¿Me arriesgo? No, mejor me espero, ostras, no sé… ¿Se enfadará? ¡Ah, dios mío!, que no lo tenga en cuenta, que no se le pase por la cabeza.

– ¡Mamá! ¡Qué se quema la tortilla!
Tiro la tortilla cebrada a la basura y miro si queda un poco de jamón dulce en la nevera. Necesito hacer alguna cosa rápida y sencilla, rápida y sencilla…- ¡Ostras! ¡Mierda! ¡Seré inútil!

¡Sí! Hay jamón dulce así que Marina en 15 minutos está lista para ir a dormir. ¡Sí! ¡Hoy el día acabará bien!

– Venga Marina, a lavarse los dientes que ya es hora de ir a la cama.

– No, mamá, quiero ver un poco la televisión contigo, venga… sólo un ratito…

– ¡No, a la cama! Qué es muy tarde.

– Venga mamá, sólo un ratito…

– ¡He dicho que no! Y no lo volveré a repetir. Venga, date prisa.

Tengo la sensación que me estoy atragantando, de no poder tragar al pensar que es cuestión de tiempo que oiga las llaves en la cerradura y siento que el tiempo me persigue como la sombra persigue a la luz cuando va bajando el sol. ¿Perderé el control? Esto no puede ser normal… Paula, está todo perfecto, sí, está todo perfecto, hoy el día acabará bien.

No pasa nada preciosa, sólo estoy un poco nerviosa, ya se me pasará. Marina marcha hacia la habitación y la sigo para acurrucarla.

It must be time for lunch now 1979

Ahora a cerrar los ojitos y a soñar con los angelitos.

– No cierres la luz mami que los pingüinitos tienen miedo a la oscuridad.

– De acuerdo pero cerraré la puerta, ¿vale? Así el calor de la habitación no se escapa y estarás calentita como un terroncito de azúcar.

Le doy un beso en la frente, inspiro de una sola vez el dulce olor de su inocencia.

Aguanto la respiración imaginando que la utilizo como amuleto o como evasión delante del inminente instante.

Escrito por Astrid.

Fotografías de Francesca Woodman.