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Próxima parada: mi pueblo de verano

Tren con destino a Tarragona, próxima parada Castelldefels.

Cojo el asiento de la ventana, el que queda a la derecha del vagón, lo tengo controlado, sé que cuando dejemos la Barcelona industrial de la periferia  empezaré a ver la costa de Sitges y ese es el mejor momento del trayecto.

Me dispongo a prepararme escogiendo buena música y estirando las piernas, pero no, una chica se sienta delante de mí.

 -Perdona, ¿puedo?

Su voz suena débil pero dulce. Es morena, con pequitas en la nariz por los efectos del sol, debe tener unos 17 años, camiseta de tirantes, shorts y victorias sin cordones. Por supuesto, gafas de sol marca Rayban. Constitución atlética, de piel dorada y movimientos suaves. Lleva el pelo largo, despeinado y juega a enrollar un mechón mientras contempla como el paisaje se aleja.

Me viene el recuerdo de días de adolescencia, cogiendo el tren hacia el pueblo de veraneo, se podía incluso fumar y el ronroneo del tren era fuerte pero capaz de hipnotizarme, prefería escucharlo a poner música en el walkman tamaño XL. Soñadora, esta es la palabra. El viaje me transportaba hacia el pueblo pero mi mente se deslizaba a películas de adolescente.

Me imagino que estaría pensando esa chica, sería uno de esos veranos inolvidables, de esos que dejan un recuerdo dulce, color de puesta de sol.

Tren con destino a Tarragona, próxima parada Sitges.

Gente nueva sube al tren. Un chico se sienta a mi lado y ya desde un principio las miradas se cruzan. Ella se sonroja y mira por la ventana sabiendo que el reflejo la volverá a delatar. Él decide sacar un cuaderno y un lápiz y se pone a pintar. Escucho un aleteo familiar.

Yo, espectadora de un nuevo serial, veo como va dibujando un rostro, un perfil, y cada trazo me confirma que sí, que es ella.

Tren con destino a Tarragona, próxima parada Torredembarra.

Es mi parada, quedan 15 minutos, el dibujo ya está acabado, ¿tendrá el coraje de dárselo? ¿Se lo quedará para él? Pienso que no me puedo quedar con este final, que tengo un  papel en este capítulo y decido actuar. Me levanto y ¡zas, el cuaderno cae al suelo!

Contemplo el cliché: ella mira el dibujo, lo mira a él, se sonroja de nuevo y dice: ¿soy yo?

Me bajo del tren y al girarme veo que sí, las mariposas alzan el vuelo.

Astrid

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