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Apreciada Jimena, soy Blancanieves…

Apreciada Jimena,

Qué ilusión saber de ti. Veo que sigues tan reivindicativa como siempre. Insaciable.

Hace mucho que no hablamos, la verdad. Y contarte tantos años en pocas líneas es una tarea realmente difícil. ¿Por dónde empezar?

Mi marido está bien, algo pesado, tú sabes, se hace mayor, pero se queja poco. Los niños están mayores. Ya no son niños. Son de tu edad, chicos de algo más de treinta, la descendencia de Blancanieves. Jóvenes ilusionados y jodidos por la crisis actual. Viven buscando su sitio, anclados en lo único que les importa, su presente.

Poco queda ya de aquella princesa que se perdió en el bosque huyendo de su madrastra. Cuando cumplí los 23 me quedé embarazada, tuve gemelos, Marc y Andy. Y después llegaron las niñas, Sara y Ana. Familia numerosa, ya ves. Vivimos durante mucho tiempo en la casa del bosque, pero se nos quedó pequeña. Así que nos mudamos al castillo de mi marido. Allí tuve mil comodidades. Servicio, jardín, piscina, la carroza en la puerta… Pero me aburría soberanamente. Paul no me dejaba trabajar, me pidió que cuidara de los pequeños, y a eso me dediqué hasta que crecieron y empezaron a ser independientes.

Después de eso me busqué un trabajo, pero costó que aceptaran a una mujer de cuarenta, sin estudios, con cuatro hijos, sin experiencia laboral y con un pasado oscuro como el mío. Finalmente me contrataron en la ARPD (Asociación de reinserción princesas desdichadas). Allí me hice amiga de Ariel, Aurora y Bella. Las cuatro nos apoyamos cuando empezamos a saber de la crisis de cuentos. Nos dimos cuenta del daño causado. Nos hicimos conscientes de la dureza de vuestra situación actual. Sois chicas jóvenes que habéis crecido en un entorno edulcorado, que anheláis a vuestro príncipe azul y vivís bajo los patrones de amor que dictaron nuestras historias. Entiendo que odies el color rosa, la purpurina y las coronas de brillantes. Acaban pesando demasiado y te obstruyen el cerebro.

 Sigo enamorada de mi marido, pero ya no es como el primer día. Deberíamos haber vivido juntos antes de casarnos. Yo era una niña, y lo de poner lavadoras con calzoncillos, calcetines desparejados y capas reales fue un verdadero palo. ¿Por qué aguanté? Tenía un nivel de vida, un estatus y un nombre que mantener. Y ahora no me arrepiento. Tengo una familia maravillosa. Ven a vernos Jimena, a los chicos les gustará conocerte. Marc está soltero, y es muy guapetón.

Bueno querida, te tengo que dejar, es la hora del baño del rey. Y el servicio está de vacaciones.

Un abrazo,

 Su alteza real, Blancanieves.

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Querida Blancanieves (dos puntos)

Querida Blancanieves:

¿Cómo está usted, Majestad? Porqué al lado del príncipe con el que te casaste, supongo que, después de tantos años, habrás llegado a ser reina consorte como mínimo. Me permitirás que te tutee, ¿verdad? Tras releer, varias veces, las múltiples versiones sobre tu vida, parece que te conozco desde la infancia.

Aquí todo sigue según lo dejaste. Las niñas te siguen imitando y los padres de esas niñas siguen contando tu biografía cual heroína de guerra. Cierto que hay quien dice que historias como la tuya nos han hecho mucho daño, sobretodo al sector femenino. Aunque el modelo de tu marido, rollo príncipe azul, también ha dejado el listón muy alto para nuestros chicos.

¿Tú que tal? ¿Has vuelto a tener noticias de los siete enanitos? Que monada de hombrecitos… La verdad que han sido bien aceptados por nuestra sociedad aun siendo muy evidente su ligera discapacidad. Hay algo que te quería comentar al respecto. ¿No te hicieron pagar un precio demasiado alto a cambio del alojamiento en su casita rural? Limpiarles, cocinarles, coserles, hacerles la cama, barrer el jardín, lavarles los calzoncillos… Aguantar a siete tíos rudos, de campo, en su casa, tiene que ser muy duro, chica.

Pero al menos eran buena gente. Mira que te avisaron… Tres veces te dijeron que no abrieras la puerta a desconocidos. Y tú quizás pecaste de inocente, un poco boba incluso. Sin animo de ofender, que yo no sé lo que hubiera hecho en tu caso. Debías de estar muy aburrida…

Lo de tu madrastra no tiene nombre. Hay que ser mala. ¿No has pensado que, a lo mejor, la pobre se hacía mayor y le costaba encajar que tú fueras joven, soltera, mona y sin arrugas? Eso es muy del siglo XXI. La verdad que igual era una visionaria en tu época. Claro que las mujeres de ahora no llegarían tan lejos con sus celos. Nada de corsés que ahogan, ni peines envenenados, ni manzanas mortíferas. Hoy somos más sutiles. Además hay patrones estéticos que juegan a nuestro favor. Como decía Adolfo Domínguez “La arruga es bella”  

Bueno, ¿y que tal está tu príncipe? ¿Sigues tan enamorada como el primer día? Claro que al final se ha sabido que no fue él quién te salvó la vida. ¿No te habrás arrepentido? Al caer el ataúd al suelo, del brusco golpe, escupiste el trozo de manzana envenenada. Increíble. Obviamente eso sólo pasa en cuentos como el tuyo. La realidad es más jodida. Aquí, como muerdas una manzana te castigan toda la eternidad. Sino que se lo pregunten a Eva. Todas estamos pagando su maldita curiosidad por lo prohibido.

La verdad que tengo la sensación que igual te precipitaste un poco con lo de casarte. Es que no lo conocías de nada, blanquita. No te habrás sentido obligada, ¿verdad? Oye, esto de las bodas exprés también está muy de moda. Pero ahora nos casamos menos. Primero probamos, convivimos con el tipo, y si finalmente nos convence, pues ya si eso vemos como arreglar el tema del papeleo… Quizás se anima una más cuando hay niños de por medio. Pero antes convivimos, que luego la convivencia es muy dura y el divorcio está todavía muy caro.

Por cierto al final tu madre postiza murió. Me sabe fatal. Creo que fue una crueldad por vuestra parte hacerle calzar los zuecos incandescentes y obligarla a bailar delante de todos los invitados el día de vuestra boda. Me da a mí que es más una cuestión de venganza que de justicia. Que aunque esa parte del cuento no se ha contado tanto, a ver si al final no vas a ser tan buena como te han pintado todos estos años. Qué escondido te lo tenías, guapa.  

Bueno bonita, te voy a tener que dejar. Un placer hablar contigo un ratito. Espero tu carta. Cuéntame cositas y dale recuerdos a los pequeñajos, y a tu príncipe. Dile que lo de la sangre azul aún está por demostrar que sea cierto. Qué la sangre de la gente de a pie sigue siendo roja, tan roja como la puta manzana envenenada.

Besos y abrazos,

Jimena.

 

Inspirado en la historia original de Blancanieves escrita por Jacob & Wilhelm Grimm. En la versión actual las ilustraciones, usadas para las fotografías de este artículo, son de Benjamín Lacombe. Ed. Eldelvives.