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Mujeres valientes

El caso es que no somos muy amigas de los días internacionales de nada. Aun así es difícil mantenerse al margen de que hoy se conmemora el día de la mujer trabajadora. Supongo que podemos generalizar hacia el día de la mujer, sin más. Trabajemos o no, aunque se aleje del origen revolucionario de la fecha, tenemos un día institucional.

Y como no podía ser de otra manera, los periódicos llenan sus páginas aplaudiendo la labor del género femenino, como tal. Recuerdan sus años de martirio, en los que no teníamos derechos. Y se enorgullecen de la evolución que ha hecho la mujer durante las últimas décadas y de nuestra capacidad de combinar trabajo y familia, un clásico.

La semana pasada se publicaba en el periódico El País, una noticia sobre la necesidad que ha empujado a la mujer a incorporarse al mercado laboral para afrontar esta sonada crisis económica. Bajo mi punto de vista, ya nos estaban quitando mérito. Pero tranquilas, una semana después nos lo devuelven. En nuestro día sabrán reconocer que nos incorporamos al mercado de trabajo por inquietudes, derechos, capacidades… No solo para resolver la economía doméstica.

Una vez hemos hecho referencia al día internacional de la mujer, me llama la atención la noticia publicada ayer en el mismo periódico. Titular: “Las tres españolas más valientes del mundo”. Curiosamente no son ni mi madre, ni la tuya, ni la vecina del quinto. Son tres personalidades de carácter público. Entre ellas la vicepresidenta actual, Soraya Saez de Santamaría, también conocida como la mujer más poderosa de España. Pilar Manjón y Edurne Pasaban son las otras dos mujeres que acompañan a la ministra en esta hazaña.

En el ranking de la revista Newsweek  se reparten los 147 puestos restantes mujeres vinculadas a la política, actrices de renombre, periodistas e incluso una blogger. La periodista que firma la noticia comenta que poco se habla de las mujeres iraquíes, japonesas o sirias.

Quizás deberíamos redefinir el concepto de valentía sobretodo al relacionarlo con la mujer del siglo XXI. Madres, hijas, abuelas, amantes, esposas, viudas, novias, amigas, solteras, separadas, con curvas, sin ellas, rubias, morenas, teñidas. De aquí cerquita, de más allá, atrevidas, vergonzosas, payasas, sobrias, alocadas, tímidas, con arrugas, sin ellas, sencillas, horteras, de 20, de 30, de 40, de 70… Todas ellas habrán realizado un acto de valentía al menos una vez en su vida y no han ocupado jamás una portada.

Valiente es aquella persona que arriesga en su día a día y que, a la vez, reprime sus impulsos por cuidar su identidad. Aquella que decide mirar a la vida de frente, con la cabeza alta. Y se suma la persona que da un paso atrás y coge impulso o carrerilla, según se mire.

Decía una canción de Vetusta Morla que “Ser valiente no es solo cuestión de suerte”. Y decía una amiga nuestra que “la vida es para las valientes”. Así que sean bienvenidas a su vida, mujeres valientes.

El Vals de la Mariposa

Link de la noticia publicada el 7 de marzo de 2012 en el periódico El País:

 http://elpais.com/elpais/2012/03/07/gente/1331121600_605691.html

¿Qué es el vals de la mariposa?

En femenino y plural se está gestando el vals de la mariposa.

Perfil: mujer de casi 30, de 30 y de más de 30.

En una etapa en la que nos empezamos a sentir cada día más guapas, en la que sabemos que podemos, en la que creemos ser una nueva y pionera generación de treintañeras, “solteronas” por elección o solteras de nacimiento. En la que no tenemos miedo del reloj biológico, o sí, y decidimos mirarlo de frente.

Desde esta ventana queremos mostrar las historias de mujeres cercanas, de tías guerreras que sienten y lloran. Desnudar nuestras dudas, nuestros éxitos, nuestros miedos, nuestros modelos de mujer, incluso desmitificar esas reuniones de mujeres en las que, según cuenta la leyenda, se dedican a poner a los hombres de vuelta y media.

¿Y porqué no?, rescribir la historia de alguna manera dejando  el testimonio de mujeres reales. De esas que cantan delante de un espejo los clásicos de Mecano o Freddy Mercuri, o de las que ensayan con una amiga imitando a las Grecas. De las que se ponen bata para estar en casa y no saldrían nunca sin el Rimmel en las pestañas. O de las que después de una noche fatídica se fustigan escuchando a Damien Rice y preguntándose porque no lo hicieron mejor. De las que corren para sentirse libres, de las que escapan, que no huyen, de sus miedos, siendo conscientes que los tienen. Mujeres de rompe y rasga. Mujeres altas, bajas, con curvas, sin ellas, de tejano y camiseta blanca, de vestido negro como fondo de armario. De esas que se hacen un moño en lo alto para que su larga melena no les estorbe mientras barren su piso de 40 metros cuadrados. De las que duermen con pastillas, de las que fuman tabaco de liar, de las que beben Gin & Tonic en copa balón, vino tinto en copa de cristal y se van de cañas con sus amigas. De las que compran en Zara sus modelitos básicos y jamás comprarían un vestido estampado en H&M por el riesgo a aparecer repetidas en alguna fiesta. De las que se compran una camiseta The Hip Tee por el mensaje que lleva estampado, o de las que se atreven con Heidi Klum haciendo los honores. Modernas que desean que llueva para ponerse esas Hunters que deciden el resto del outfit del día. De las que callejean por Barcelona, Madrid o Sevilla cargadas de bolsas que abultan mucho y se sienten Julia Roberts en Pretty Woman, como si fueran paseando por Rodeo Drive. Mujeres que son dispares, que se sienten únicas, que se saben hábiles, en definitiva… Mujeres que se quieren.

No es nuestra intención crear un manual feminista de lucha radical en contra del sexo masculino. Nada más lejos que eso. La intención es simple. Presentaros a mis colegas, a mis compañeras a este lado de la calle, a las del sexo femenino.

Dicen que poner la palabra sexo en un artículo y colgarlo en internet te asegura una gran audiencia. Hablaremos pues del sexo femenino refiriéndonos a algo más que a la definición que aparece en Wikipedia: “El sexo femenino es un término de biología que denota al sexo que produce óvulo”. Somos mucho más. También producimos placer.

Para poder alimentar este blog os necesitamos. Y estamos encantas de poder decirlo. Escribir sobre nosotras es una reconciliación personal. Queremos crear un puzzle entre todas, en el que cada una aporte su pequeña pieza. La haremos encajar. Y compartiremos algo más que una copa de vino tinto.

Sobre críticas, valoraciones y comentarios cabe decir que siempre que estén bien argumentadas, que ayuden a reconstruir y redefinir constantemente este espacio serán agradecidas y ansiosamente esperadas.

Con todas ustedes…

El vals de la mariposa.

Empieza el vals…

Salimos a cenar. Dos mujeres de alrededor de treinta, que se rencuentran en el barrio donde han convivido durante algo más de un año. Barra, pinchos y un par de cañas. Fútbol de fondo.  Y empezamos conversación, nos hemos de poner al día con varias cositas. ¿Qué sabes de aquel? El otro día me llamó aquel otro… En fin, un poco lo de siempre.

De repente el chico que está a menos de diez centímetros de nosotras aparece en la conversación y nos pregunta: ¿Dónde están los hombres de los que habláis? Sólo son colegas, nadie especial. Comentamos entre sonrisas. ¿A que viene esa pregunta? En ese momento, empezamos a crear un diálogo a tres sobre las relaciones entre hombres y mujeres. Lleno de tópicos que intentamos desmontar, cada uno barriendo hacia su terreno.

Llega un momento que la mujer de treinta busca un padre para sus hijos, dice él. Asombrada, me cruzo de brazos y decido escuchar con atención. Él tipo comenta mi pose, cree que estoy a la defensiva. No, para nada, le digo un tanto nerviosa. Sólo escuchaba, me interesa lo que dices. Carla se esfuerza por contar que las dos tenemos una edad parecida, educadas bajo el mismo techo y con opiniones diferentes respecto a lo que él comenta. Seguimos escuchándonos con atención. Creo que a los tres nos interesa saber más sobre cómo se relacionan las personas a partir de los treinta. ¿De veras crees que somos tan diferentes a la generación de nuestros padres? ¿Cómo lo sabes si tu tenías nueve años?, comenta con cierta curiosidad. Bien, creo que más allá de la diferencia evidente entre ambas generaciones baso mi opinión en la relación actual con mis niñas de treinta. Desde lo que hablamos, negociamos y reflexionamos en infinidad de ocasiones mientras compartimos una copa de vino. En ese momento decido presentarme. Tengo 29 años y estoy escribiendo sobre ello. ¿De verdad? ¿Revista? ¿Blog?, pregunta él. Blog, algo personal, afirmo con cierta ilusión. Y sigo con mi opinión. Puede que algunas busquen un padre  para sus hijos. ¿Cuál es el problema? Además pienso que por otro lado, y sin ánimo de ofender, a ellos les llega un momento que empiezan a buscar una madre que les cuide, más que una pareja. Con esta afirmación se crea un silencio. Tranquilo, un momento de digestión de las propias palabras. Nos miramos con complicidad. Aparecen opiniones sobre lo que queremos cada uno de nosotros, acortando diferencias entre ambos sexos.

¿Cómo se llama el blog?, pregunta con cierto interés. El vals de la mariposa, le contesto orgullosa. En ese momento, mete la mano en el bolsillo de su pantalón y me pregunta si me puede hacer un regalo. Claro, por supuesto. Me encantan los detalles. Del bolsillo saca una mariposa de colores. Es pequeña y está agarrada a una horquilla de pelo. Me cuenta que se la regaló una chica esa misma noche. Que le encantaría poderla usar, pero no está seguro de las reacciones del resto de la gente al verlo con el clip sujetando su pelo… Así que decide regalármela, Carla me la coloca en un lado del flequillo, y le agradezco con una eterna sonrisa ese detalle. Aparentemente era un simple clip. Casualmente era una mariposa.

¿Seguro que era casualidad? Te leeré, sin duda, dijo al despedirse. Será un verdadero y sincero placer.

El vals de la mariposa.