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Jimena y su muñeca

Lo mejor de tener una Barbie era poder cortarle el pelo y ver como parte de su belleza se desvanecía al instante. Pasé tardes eternas viendo como la rubia de pechos exuberantes esperaba que la sacara de su caja y le diera alguna tarea. Salir de compras, cambiarle el vestuario, o ligar con el “cachas” de su novio. Así se desesperaba. Acumulaba polvo hasta que me decidía a probarle mi última adquisición, un vestido tejido con restos de trapos viejos, amarilleados por el paso del tiempo. Así ya no estaba tan guapa…

Disfrutaba sabiendo que esa muñeca inerte necesitaba de la intención de una niña de diez años para poder cobrar vida. Me miraba a través de sus ojos perfectamente sombreados en azul, pidiéndome que jugara con ella. Podría haber aterrizado en la habitación de una niña dulce y soñadora. Pero la suerte no la acompañó.

Decidí que mi muñeca sería un ser dependiente, inválido y triste. Sentía cierto placer cuando por algún fatídico accidente su pierna abandonaba su cuerpo y luego difícilmente volvía a encajar. – Ahora sí me necesitas, querida estrella rubia, pensaba.

Mi madre insistía en que esos vestidos no tapaban suficiente, y que tener una muñeca sin pierna, en la estantería de la habitación era una verdadera lástima, e incluso creía que tenía un punto de crueldad por mi parte. Y de repente llegaba Ken, el “cachas”. Y rescataba a la pobre lisiada. Hasta que descubría su secreto debajo del vestido. Entonces la dejaba de nuevo en casa. Y mi querida muñeca pasaba las horas encerrada, llorando en su caja de cartón. Se lamentaba cuando su amado príncipe azul la rechazaba porqué su pelo no volvía a crecer en primavera, su única pierna le impedía andar con equilibrio. De repente, un 6 de enero, apareció otra rubia más alta, con dos piernas y con una melena que le volvía realmente loco. La llamaba Nancy…

Así que mi consumida muñeca no superó ese ataque de cuernos y decidió no salir jamás del frío cartón en el que vivía. Empezó a beber, adelgazó en exceso y finalmente acabó muriendo.

Años más tarde la encontré en una playa de Almería, lejos de la sociedad consumista, y supe que era ella porqué no tenía cabeza. La llamé Naturaleza Muerta.

Jimena

Inspirado en el texto de la obra de teatro No vaig demanar nèixer de Carles Vidal, interpretado por la compañía Impacta Teatre

Fotografía cedida por Javier García Escobar.  http://javierescobar.carbonmade.com/

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