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¿Y quién es la otra?

Con ella quería hablar. Necesito decirle algo.

Sí, es urgente.

El dolor de ella I

Lo entiendo pero necesito explicarle.

No es lo que ella cree. Nada que ver con lo que oyó.

Ni con lo que leyó.

Por favor, déjeme que le cuente.

No, yo no tengo la culpa pero quizás pueda ayudar a aclarar algunas cosas.

No cenamos juntos desde hace siglos.

Sí, nos vimos hace un par de semanas.

En mi casa.

No, a su casa no subí más que una vez, tenía respeto por los espacios comunes.

Respeto, sí. He dicho respeto.

Yo sabía que ella existía, y habló sobre la relación en algunas ocasiones. Se le veía feliz.

Lo lamento, pero yo estaba antes, ella también sabía de mí.

Y eso debería entenderlo.

Está bien, no puedo exigir nada. Lo entiendo.

Pero permítame insistir, entre ellos había algo más que no funcionaba, y no tenía nada que ver conmigo.

No, no fuimos capaces de cerrar una etapa de más de diez años.

Dígale que ella tiene algo que yo no conseguí.

Convivían juntos, se levantaba con él cada mañana. ¿Sabe lo que eso significa?

La eligió a ella, y quiero que lo oiga de mi propia voz.

Debe convencerla que hable conmigo, por favor.

Sólo quiero que sepa que me duele que haya sufrido.

Entiendo que leer una conversación así no debe ser fácil.

Me hago a la idea.

Sé todo el sufrimiento que le podría haber ahorrado.

Sin embargo, ahora ya sabe lo que tiene.

Él es así, siempre lo ha sido, y no cambiará.

Sí, sí. La dejo en paz. No quiero revolver más porquería.

¿Sabe que me ha dicho?

Está convencido que ella volverá. Aunque no le ha prometido nada, para evitarse la responsabilidad de no cumplirlo.

¿Lo nuestro? Sólo ha tomado una decisión, poner distancia entre nosotros.

No, no es definitivo, sólo hasta que vuelva a pasar. Hasta que nos volvamos a encontrar.

Es un frágil parche para evitar la tentación. No nos vemos, no nos tenemos delante y no nos arriesgamos. Sin embargo, seguimos sintiendo.

Y si ha resistido tantas lluvias, creo que una tormenta más la aguantará sin dificultades.

¿No cree?

Piénselo. Sigue siendo un maldito egoísta.

Pero la quiere.

Quiere estar con ella.

Nosotros vivimos de recuerdos. Su presente está con ella.

Espero que le haga llegar lo que le he contado. En usted confiará.

¿Sí? ¿Está seguro? Gracias. Muchas gracias. Es usted muy amable.

El dolor de ella II

¿Alejandra?

Hola. ¿Cómo estás?

Lo siento.

Jimena.

Fotografía de Alba Ruperez  albaruperez.tumblr.com
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Los amantes mariposa

Hoy os voy a contar un cuento. Igual lo he contado miles de veces ya. Pero es un cuento de verdad, un cuento de amor. Una historia construida como leyenda oriental que se sitúa a caballo entre una pequeña población rural de Japón y cualquier gran ciudad que presida el mismo país.

La protagonista es Naoko, una joven de 14 años que vive a las órdenes de un padre viudo y déspota que pretende lo mejor para su hija. Debe abandonar su pueblecito natal para dirigirse a la ciudad que la enseñará a ser mujer casadera. En contra del deseo de esa niña la enseñarán a servir bien el té, aprenderá el arte de bailar abanicos y conocerá el momento exacto en el que debe sentarse o simplemente sonreír.

A Naoko, disgustada con esta forzada tesitura, se le ocurre algo para poder estudiar en la universidad y dejar a un lado la voluntad de su progenitor. Decide que cambiará su kimono de mujer por uno de su padre para hacerse pasar por hombre en cuanto llegue a Kioto.

Paseando por sus estresantes calles, se encuentra con Kamo, un chico algo mayor que ella con el que va a coincidir en la universidad. En seguida se hacen buenos amigos. Pasan a compartir literatura, tiempo, cerezas y habitación. Se escriben kaikus mientras dudan de sus confusos sentimientos. Conocen la felicidad estando cerca el uno del otro, los cerezos han florecido temprano esta vez. La libertad, los nenúfares y las estrellas llenan su historia de color y deseo, como si de amor se tratase.

Una desafortunada mañana llega un mensaje para Naoko. La reclaman en su villa natal donde descubre que tal petición de regreso no es sino para casarla con un apuesto desconocido. Naoko permanece sumida y encerrada en su habitación, mientras Kamo, que ha descubierto el amor de su princesa, huye a caballo a recoger a su amada.

Al llegar a la casa Kamo se encuentra con la frialdad de la criada quien le convence de que la felicidad de Naoko está junto a otro hombre con el que se casará en unos días. Si bien quiere que ella sea feliz, deberá dejarla en paz.

El joven enamorado respeta la decisión de su amada y su tristeza desemboca en una repentina y dolorosa muerte.

Al enterarse Naoko, la noche antes de su boda, implora a su padre para que permita despedirse de su amado. Vestida con su kimono blanco, sin derramar una lágrima, la joven se acerca a la tumba. Bajo la atenta mirada de su padre, en una noche de brutal tempestad, Naoko se deja caer sobre la lápida de su querido Kamo. De repente, un trueno de ruido ensordecedor atraviesa el cielo para agrietar la tumba. Naoko se precipita dentro de ella en cuerpo y alma.

En un abrir y cerrar de ojos, la piedra se vuelve a cerrar y un sol radiante ilumina de repente el jardín.

Dos mariposas se escapan de una última grieta de la tumba. Revolotean unidas, vuelan hacia el cielo azul, se aman finalmente, en libertad.

Y cuento contado…

Jimena

Una cosa más, yo sé de alguien que se tatuó dos mariposas azules cuando conoció esta historia. Y sigue creyendo en su cuento particular.