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50 sombras de Grey

El libro del que habla todo el mundo. Pues ahora voy a hablar yo, que hace tiempo que no digo nada.

Primero de todo, transcribo algunas frases sacadas del libro para tener algún tipo de antecedente para quien, gracias a dios, no se haya leído el libro “Cincuenta sombras de Grey” de E.L. James.

–   Página 136: Eres mía y solo mía, no lo olvides.

–   Pág. 345: Chupa, chupa fuerte nena.

–   Pág. 137: Chúpame nena.

–   Pág. 350: Agárrate fuerte, esto va a ser rápido nena.

–   Pág. 375: No tenemos mucho tiempo, esto va a ser rápido, y es para mí, no para tí, ¿entendido? Como te corras te voy a dar unos azotes.

–   Pág. 373: No te masturbes, quiero que te sientas frustrada. Así es como me siento yo cuando no me cuentas las cosas, cuando me niegas lo mío.

Supongo que es suficiente.

Por un lado tenemos a un hombre rico y atractivo con las grandísimas cualidades de obsesivo, controlador, celoso, humillador y acosador combinado con una dulzura extrema después de hacer de amo. Es decir, simplificando: la definición de maltratador.

Por otro lado tenemos a una chica de 21 años, ingenua, inexperta sexualmente, inocente, tímida, que se enamora por primera vez del tirano y lo único que puede hacer para que haya una mínima reciprocidad es firmar un contrato amo-sumisa.

En ningún caso voy a criticar la narración de la escritora, no es esta mi intención, lo que me indigna  es ver como los comentarios de la contraportada hacen que parezca la novela que ha dejado más mojadas a las señoras en Estados Unidos según el “New York Post”, e incluso, según “divamons.com” leer este libro hace que te sientas sexy otra vez. ¿Otra vez?

Pues doy gracias por no tener la nacionalidad americana porque, no se vosotras, pero el hecho de someterse a un hombre hasta el punto de la sumisión total con la esperanza que, a base de azotes y humillaciones, por no hablar de los celos enfermizos y el acoso constante, algún día se convierta en tu príncipe azul, me parece más una novela de manual del maltrato que una novela romántica con puntos eróticos.

Si queréis leer algo sensual, erótico de verdad y elegante, que no roce la vulgaridad, echad un vistazo al clásico “Las edades de Lulú” de Almudena Grandes o a “Castillos de cartón” de la misma autora. En ambos casos puedes releer las escenas de sexo implícito una y otra vez, retenerlas en la memoria y provocarte placer recordando el trío de sexo pasional, inocente y excesivo (en Castillos de cartón) así como observar a la joven Lulú perderse de niña, ante la perversión del sexo prohibido.

Si yo no digo que sea ilícito mantener prácticas sexuales de cualquier tipo pero lo que me irrita es que las condiciones entre los dos, tres o cuatro participantes no sean recíprocas. Para nada estoy en contra de la práctica sadomasoquista, ni mucho menos,  en lo que quiero insistir es en que el personaje de la chica es inocente, y el contrato dueño-objeto está totalmente viciado, porque la voluntad de la chica no es hacer de sumisa, su real voluntad es convertir al amo en un hombre cariñoso, sensible, que la quiera, aunque tenga que poner el culo en hielo por la cantidad de azotes que ha sufrido. Una vez más se defiende el patrón estereotipado de que la única intención de la mujer es cambiar al otro, confiando que tarde o temprano, él se volverá un ser adorable.

No se si con esta pequeña y acalorada reflexión sólo conseguiré que alguien más compre algún ejemplar de este bodrio, pero al menos yo me he quedado más tranquila al escribirlo.

Que tengan un ardiente y placentero martes,

Astrid.