Entrevista 2.0 con… Nacho de Bufalá

Nacho

Nacho de Bufala, 38 años. Es director comercial de ORUS ENERGIA, una empresa comercializadora de gas natural. Se declara triatleta y deportista amateur, algo más que un apasionado del deporte en general. Un tipo que admite no tener secretos, aunque debo reconocer que, así, entre nosotras, no nos lo hemos creído…

Padre. Marido. Exmarido. Triatleta. ¿Por ese orden?

Padre, pareja y triatleta, entre tu y yo… Lo de triatleta me tira mucho… Pero he aprendido a combinarlo para cubrir todas mis facetas.

Hace poco vimos un tatuaje. ¿La C de?

Claudia, lo mejor que me ha pasado en la VIDA… Desde hacía muchos años tenía claro que me quería hacer un tattoo, pero también que debía ser especial. Al nacer mi hija Claudia, tuve claro que sería algo sobre ella. Ver la “C” tatuada es como si estuviera siempre conmigo. Además al conocer a Cati, casualidades de la vida, comparten la misma inicial. Decidí que me haría un tatuaje con ese doble sentido.

¿Y ya sabes que los tatuajes son para siempre?

Sí, por eso es una C… Sé que NUNCA me arrepentiré… ¡¡NUNCA!! “She never fails me”.

Nos encanta ver como crece Claudia desde tus fotos de Instagram. ¿Hay muchas tomas falsas antes de publicar?

¡Ni una! Bueno, a no ser que salga borrosa… Pero no se trata de vender sino de mostrar, y con Claudia es fácil.

Y tu niña se hace mayor…

No te das cuenta de lo rápido que pasa el tiempo cuando tienes un hijo. Y ahora han pasado casi nueve años. Crece a una velocidad increible, es una niña muy madura, supongo que algo tiene que ver el hecho que sea la hermana mayor. El otro día, sin ir más lejos, le preguntaba qué querría por su cumpleaños, pensé en una muñeca o algo así, y me dijo: “papá, yo ya no juego con muñecas”. Parece mentira, empieza a decidir qué ropa quiere ponerse, la que tiene se le queda pequeña enseguida… Está a punto de perder la inocencia y entrar en una edad más adulta, pero aun me dice que me quiere. Es fantástica.

Tu otra pasión: el deporte. ¿Obsesión o forma de vida?

Forma de vida con algo de obsesión, es irremediable, me apasiona tanto que me obsesiona no poder hacer deporte, pero la defino como una obsesión buena, “controlada”, no de esas que te apartan de todo lo demás.

¿Cómo lo combinas con un trabajo al que le debes dedicar muchas horas?

Es cierto que empiezo a trabajar muy temprano y a menudo viajo fuera también por trabajo. Entonces me preparo el planning semanal y si sé que el miércoles me toca natación y estaré en Zaragoza, meto el equipo en la maleta y procuro que no haya excusas. Si hay un día que sé que el horario va a ser intenso, me pongo el despertador un poco antes y madrugo para ir a nadar. Hago lo posible por integrar el deporte a mi día a día, sin que nada me impida salir a correr, a nadar o ir en bicicleta.

Los que te conocemos desde hace años vemos evidente un cambio en tí. ¿Podemos hablar de tu pasado?

Claro, nada que esconder ni de lo que renegar. Estoy donde estoy y tengo lo que tengo gracias y por culpa de mi pasado… Y muy orgulloso de ello 😉

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¿Quién era Nacho hace unos años?

Era el mismo que ahora pero más inmaduro en mucho aspectos, falto de experiencia… Y luego también influyen los errores y los palos que te da la vida… Pero lo dicho, sigo siendo el mismo aunque con otro paisaje, entorno o decorado.

Errores ¿muchos?

Muchos a nivel sentimental, claro. Per procuro no cometerlos dos veces, al menos debo aprender de ellos. A nivel material también he cambiado respecto a momentos anteriores de mi vida. Antes me apetecía tener lo último que había salido al mercado o caprichos tecnológicos… Ahora ya no. Eso me da igual. En este sentido he aprendido a valorar otras cosas, sobretodo cuando tienes una hija. La salud, la familia… Siempre he sido muy familiar, para mí los míos son muy importantes. Si sé que ellos están bien, mi hija está bien y a nivel deportivo está todo bien, el resto es menos importante.

Tiene que haber un punto de inflexión que te hizo virar el rumbo…

La peor época de mi vida fue mi divorcio, sin duda. Pero con el tiempo me di cuenta como había gente de mi entorno con problemas de salud, inestabilidad laboral… Con la distancia te das cuenta que hay problemas más graves que los tuyos. Pienso que la experiencia es un grado importante, para lo bueno y lo malo, claro.

¿Qué provocó el cambio?

La propia vida te obliga a cambiar a no ser que seas un inconsciente y no quieras madurar. El divorcio fue un palo muy grande, pero si eres honesto lo corriges y lo aplicas a tu pareja actual, intentas tener más mano izquierda, a relativizar, a quitar hierro al asunto, valoras cosas más positivas… También creo que es importante tocar con los pies en el suelo y darte cuenta que la persona ideal no existe. Entonces dejas de reclamar a la otra persona lo que no has tenido en relaciones anteriores.

Miramos hacia adelante y te vemos disfrutar.

Siempre he disfrutado… No soy capaz de hacer nada sin disfrutar de ello… Lo haría tan sólo dos minutos.

En esa felicidad, parte de la responsabilidad recae en una pareja estable con quien compartes miles de instantes en tu día a día…

De Cati me enganchó la broma y el deporte. Nos divertimos juntos, y el sentido del humor es básico. He aprendido que la pareja ideal no existe, querer encontrar a la princesa perfecta es absurdo, todos tenemos cosas y yo el primero. Así que no se puede exigir la perfección. No dejas de tener altos y bajos, aun así debes ser tú mismo el que quiera adaptarse, ceder y entender a la otra persona, es recíproco.

Un gran aprendizaje…

Sino lo haces así es imposible. Hay que adaptarse para no quedarse sólo, aunque no digo que sea malo estarlo, simplemente yo quería esto y he optado por adaptarme. Hasta tenemos un gatito, algo que nunca había imaginado, no me gustaban nada… Se llama Iron, como no podía ser de otra manera.

Así que entendió lo tuyo con el deporte…

Ella me ha acompañado a muchos Ironmans y eso nos ha unido aún más. Cati, al principio, iba al gimnasio y poco a poco se ha ido aficionando a practicarlo, es increíble cómo ha ido superando retos y también ha participado en sus primeras carreras. En este sentido también nos hemos entendido y hemos compartido momentos muy chulos.

Y ¿qué hay más allá del deporte?

Viajes. Yo no había invertido jamás demasiado tiempo ni dinero en viajar. Pero para Cati es importante. Lo que para mí es la bicicleta, para ella es poder viajar. Intentamos salir al menos un par de veces al año, solos o con amigos, pero sirve para desconectar de verdad. A ella le hace mucha ilusión y yo he aprendido a disfrutarlo, después nos quedan miles de fotos y me parecen un bonito recuerdo. Si cuando hago un ironman ella está ahí conmigo, yo he aprendido a estar para ella. Esto es lo que me ha dado la relación, el Nacho de hace unos años se hubiera quedado subido en la bici. Y debo reconocer que disfruto mucho más de lo que imaginaba.

¿Planes de aumentar la familia?

De momento no. A día de hoy, me refiero. Más adelante quizás sí. Cati y Claudia se llevan genial, no me importaría…

Pregunta obligada en el Vals: ¿Cómo es el Nacho amante?

100% pasion, detallista, generoso, con carácter, comunicativo y sin miedo a pedir perdón… Muy importante cuando es obvio que uno no es perfecto y también comete errores.

¡Gracias!

A ti Jimena… Por cierto, ¿puedo irme ya a correr?

Entrevista de Jimena. 

Cuando me acompaña el duelo…

Duelo. Del verbo doler. Dolores. Duelo. Se parece a vuelo. Pero no es igual. Dolencia. Dolía. Duele. Dolor. Dolió. Y sigue doliendo.

Alguien se va.

Duelo

Y llega el duelo. Se acerca temeroso y me avisa. Viene a quedarse un tiempo. Y no viene solo. Le acompañan el miedo, la rabia y la tristeza. La angustia, la pena, la desesperanza y el vacío. La soledad. Sola. ­

Permanece y se acumula.

De pronto, sin pedir permiso, se sienta a mi lado. Y se apodera de mí. Decido saludarlo, ante todo debo ser educada, creo que ya nos habían presentado.

Me escondo en la cueva. La habito con cierta naturalidad que me provoca sorpresa, no la esperaba. Y me siento en un rincón. Cierro la puerta. Una puerta que sólo puedo abrir por dentro. Sin paño, sin pestillo y sin llave. La dejo ajustada.

No me impide asomar la cabeza de vez en cuando. No me paraliza. No abandono mi camino. Me libera momentáneamente. Y consigue distraerme sin que me sienta culpable. No resta peso, sólo lo sostiene para descargar mi cuerpo. Pero siempre regresa.

Vuelvo a la guarida. Parece que después de cierto tiempo me he acostumbrado a respirar el mismo oxígeno claustrofóbico que mi duelo. Lo compartimos. Nos alimentamos del mismo aire contaminado y cíclico. Se regenera de la misma mierda que suelta.

Me he comprado un sofá para la cueva. Ésto va para largo. Y la tristeza se sienta a mi lado. Nos ponemos cómodas y de vez en cuando, cuándo mis ojos lo piden, me acerca un pañuelo con total generosidad.

Le he puesto un poco de música. Ayuda. La pena se ha vuelto mi compañera, vivimos juntas. Me agradece que no la haya echado de allí. Se queja que a veces, su presencia, me enfada. Pero no le grito. No pretendo hacerle las maletas. Cuando se canse se irá. Y le diré adiós.

Hace un rato me ha dado la mano. La calma se ha unido a nosotras. Ahora somos tres ocupando el mismo asiento, ese sofá del que me siento tan orgullosa. Es de color rojo, está hecho de terciopelo, como los del teatro modernista. Y tiene a la serenidad como respaldo, en ella me apoyo.

Esta mañana me ha preguntado cómo estaba. Le he contestado con cierta brevedad, afirmando que me sentía mejor. Después he preguntado yo. Quería saber si pensaba quedarse varios días más. Pero no ha contestado, creo que no lo sabe. No quiere adelantarme acontecimientos. Dice que, llegado el momento, ya me enteraré.

La vida con mis nuevas inquilinas se ha vuelto una rutina. La acepto y no me escondo de ser tremendamente aburrida y monótona. Así que vamos haciendo, gracias, sois de gran ayuda.

Esta noche viene a cenar el recuerdo. Seremos uno más. Pienso poner un par de velas para presidir la mesa. Estoy preparando varias cajas que tendré que ir abriendo y después cerraré. Algunas están llenas de polvo y tienen la tapa descantillada. Son viejas y las he bajado del altillo. No sabía que aun estaban allí. Hacía tiempo que no las pensaba. Otras son nuevas, las estrenaré esta noche. Las he elegido yo misma. Son de cartón, forradas con papel de periódicos atrasados. Sin tapa, para no ahogar lo que esté dentro. Espero que al recuerdo le parezcan bien, le gusten y me diga que son bonitas. Al fin y al cabo, deberá habitar en ellas algún tiempo.

Tengo la sensación que será esta noche. Cuando el recuerdo empiece a bostezar, mirará el reloj porque creerá que se le ha hecho un poco tarde. La tristeza se levantará de la mesa y recogerá su plato. Lo llevará a la cocina y lo dejará en remojo. La pena se acabará su copa de vino de un trago. Y entre las dos, recogerán al dolor, que se habrá quedado dormido a las diez. Se pondrán sus abrigos, guantes y bufanda, y se irán por la puerta. Mientras, la calma, la serenidad y yo, les diremos adiós con la mano. Yo cerraré la puerta. Descansaré.

Volved cuando queráis, pero tardad en hacerlo. Y antes de que se alejen y desaparezcan del todo, les daré las gracias.

Jimena.

Fotografía de María Chamón

De cañas, en el Born con… José García.

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Empresario a los veintitantos… Eso es un partidazo. Defensor del Prat a ultranza y abanderando lo friki a tu paso. Encuentras vídeos extraños debajo de una piedra, y no dices que no a una buena juerga flamenca, honrando a tus raíces. Ése es el chico de la doble G.

Por cierto, ¿quién te puso eso de GG?

Son las iniciales de mis apellidos. Fue la típica broma de pre-adolescentes que se ha quedado para siempre. Hay gente que no sabe mi nombre de verdad. Me gusta.

Acabar audiovisuales y montar una empresa. ¿Arriesgarse o morir?

No me considero empresario. Soy un freelance más. Cuando empecé a hacer trabajos por mi cuenta no tenía nada que perder. En el sector del audiovisual es difícil tener oportunidades. Sobre todo siendo joven. Empecé porque quería dedicarme a lo que realmente me gustaba. Tenía la formación, los conocimientos, algo de experiencia en producción de cine y las ideas muy claras. Con dedicación y constancia todo se consigue. Han pasado cuatro años y ahora en Lambada somos un equipo de personas con mucho talento y no sólo hacemos audiovisuales.

Entonces ¿cuándo fue la última vez que tuviste un jefe?

Ayer. Eso de que los emprendedores no tienen jefe es mentira. Nos debemos a nuestros clientes. Si quien te hace un encargo no acaba contento, no te volverá a llamar. La autoexigencia puede ser peor que un mal jefe. Me siento feliz cuando veo que los trabajos gustan. Cuando eso no ocurra me dedicaré a otra cosa.

Eres un tipo tranquilo, paciente y observador. ¿Algo que te altere?

Claro. Me alteran las mismas cosas que a todo el mundo pero las intento controlar. Algo que no me gusta es el desorden. Lo primero que hago al llegar a casa o la oficina es ordenar mi mesa.

¿Qué es lo último que has visto a través del objetivo de tu cámara de video? ¿Recuerdas qué fue lo primero?

Lo último que he grabado ha sido un producto de belleza. Lo mismo te grabo un videoclip, un anuncio o un videotutorial. Lo importante es ser polivalente y saber adaptar los conocimientos a cada proyecto. Empecé a trabajar con mi padre a los 14 años. No se me caen los anillos. Lo primero que grabé fue un videoclip para un amigo. Sin cobrar, claro.titular GG


¿Cómo sale uno del “sin cobrar porque tengo que hacer bobina” para entrar en el  “esto es mi trabajo y no lo puedo regalar”?

Creo que al principio es bueno hacer proyectos sin cobrar para ganar confianza. Si no te pagan te puedes permitir errores y libertad. Cuando realmente te apasiona lo que haces no es tan grave trabajar sin cobrar.  En mi caso todo ha sido progresivo. Siempre intento mejorar mis trabajos y por lo tanto cada vez necesito más presupuesto.

Actores y actrices, músicos, gente de la farándula… Tu agenda tiene que ser la bomba.

Mi agenda es la bomba porque cualquier día explotará. Suelo llevar muchas cosas a la vez y debe ser así. Cuando no tengo estrés de trabajo me aburro. Tratar con actores, músicos, no me apasiona especialmente. Prefiero que produzcan otros. Disfruto trabajando con cualquier persona que tenga talento.

¿Qué tiene El Prat que no tenga la capital catalana, a parte del aeropuerto a tiro de piedra?

El Prat lo tiene todo. Playa, espacios para hacer deporte, está a 15 minutos del centro de Barcelona, puedo ir en bicicleta a trabajar, buenos bares y amigos. Me encanta poder ir por la calle y cruzarme con conocidos. Aunque es una ciudad grande hay sentimiento de pueblo. Hay vecinos. Además hay mucha actividad cultural. Siempre hay cosas que hacer.  Le debo mucho a El Prat. Aquí tengo todo lo que necesito para ser feliz.

Algo que me sorprende de tí es una postura seria de entrada para luego soltar alguna burrada y dejar al círculo de oyentes muertos de risa. Te haces querer…

Por muy “cachondo” que seas no se puede perder la educación. Hay que ser prudente para no meter la gamba. A partir del segundo vino soy capaz hasta de cantarte una copla.

Obvio, tenía que llegar el momento íntimo de la entrevista. ¿Te planteas ser padre de familia?

Me veo padre. Claro que sí. Es natural querer ser padre en algún momento de la vida. Creo que el ser humano, cuando respeta la naturaleza, es más feliz. Ahora mismo no, pero en un futuro seguro que querré ser padre, como cualquier persona.

¿Cómo te ves dentro de veinte años? El Smart no cambiará, de eso estamos seguras, no te reconoceríamos. 😉

Los coches me han dado grandes momentos. Antes del Smart tuve un Citroën AX de color rojo Ferrari. Con el tiempo he dejado de ser de marcas para ser de objetos. Me traen recuerdos. El Smart ha vivido mucho. Aún así, para mí es mucho más importante el futuro que el pasado. Me encanta pensar en cómo seré dentro de veinte años. Creo que imaginar el futuro positivamente es uno de los secretos de la felicidad. Si realmente deseas un futuro concreto, lo consigues.

Insisto en un proyecto futuro, ¿qué visualizas en la bola de cristal?

Puede que a veces la vida sea injusta pero, en la mayoría de los casos, cada persona es lo que quiere ser. El problema es que conseguirlo no es gratuito. Si tu presente es estar sentado en un sofá seguramente sea porque deseas estar sentado en un sofá.Me imagino rodeado de gente, familia, amigos, salud, amor y un trabajo que me siga haciendo feliz.

Entrevista de Jimena.
Fotografía de María Chamón.

Demasiado cerca

Carmen entró por la puerta del hospital. Tenía ganas que llegara. Esa noche me tocaba guardia y enseguida supe que la habían avisado a ella. Ascensor a la cuarta planta. Neonatos. Llevaba su bata blanca y el pelo recogido. Era una gran doctora.

Demasiado cerca

Aproximadamente las tres de la madrugada. Venía a visitar a una de sus pacientes a la que se le habían complicado los últimos días de embarazo. Saludó a la familia. El personal de la cuarta la respetaba y la quería. Se hacía querer.

Yo también la quería. Y mucho. Se lo demostraba cada día. Flores, cafés, el periódico y un mensaje a su móvil, a media mañana hacían que ella supiera que yo estaba ahí, muy cerca. Después de siete años de relación no era fácil ser siempre tan atento. Pero sabía que a ella le encantaba.

En cuanto salió de la sala de partos la esperaba en la puerta. Le propuse ir a almorzar, yo invitaba. Así tendremos tiempo para hablar y planificar el fin de semana. Aceptó encantada, sólo tenía que recoger sus cosas y nos encontraríamos en la puerta.

Fuimos a la cafetería de siempre. Ella pidió un café solo y una pulga de panecillo rellena de jamón. Para mí, lo mismo. La miraba fascinado en su veloz discurso sobre la maravilla de traer, una vez más, a un pequeño al mundo. Le brillaba la sonrisa. Y a mí me hacía feliz sentirme a su lado. Alguna vez será ella la paciente, y una doctora sacará a nuestro bebé de su vientre. Nada me haría más feliz. Incluso pensaba en nombres, aunque Carmen insistía que eso no era para ella, yo sabía que algún día se ablandaría.

Él se acercó con paso firme. Se fundieron en un abrazo cómplice. Carmen me lo presentó. Un amigo de la universidad, compañero de fatigas canadienses, añadió. Se sentó entre nosotros, y se hizo el dueño de la atención de mi esposa. Nos vemos en casa, cariño.

Esa noche llegó tarde. Me contó que ese tal Peter y ella se habían tenido que poner al día. Que estaba cansada y que se iba a dormir. Su sonrisa la delató. Había bebido. Cariño, no te pongas pesado, me decía.

Café de nuevo, un croissant y el móvil encima de la mesa. Otra vez el maldito Peter, no había tenido suficiente. Carmen notó mi cara de disgusto, no me gustaba un pelo ese tío. ¿Qué quería diez años después?

Me decidí a hablar con ella. Le comenté que me había llamado Marta. Iba a aprovechar mi día libre para irme a comer con ella, tenía que recoger el coche del taller y aprovecharíamos para ponernos al día, también. A Carmen no le gustaba nada Marta. Siempre decía que era una divorciada buscona y que se entrometía en las relaciones de los demás. Supongo que lo decía por lo de su hermano.

Carmen llamó al hospital. Todo bajo normalidad. Decidió cogerse el día libre también. Sería ella la que me acompañara a por el coche. Al fin y al cabo, a Peter no lo veía desde la universidad y aún tardaría unos días en regresar a Canadá. Además, no soportaba que nadie se sentara en el asiento de copiloto de mi coche, estaba ajustado a su medida. Esa era mi chica, la dueña de mis pensamientos.

El día no podía empezar mejor, y mis planes daban resultado. Carmen sería para mí solo, durante toda nuestra jornada otoñal. Fuimos al mecánico, el coche estaba en perfecto estado. Después comimos en uno de los mejores restaurantes de la avenida principal. Bebimos vino, alguna copa de más. Lo mejoramos con un par de copazos en el bar de Joe. Y de ahí, para casa.

Todo iba bien. Nada parecía ser capaz de estropear nuestro momento. Pero algo falló. El maldito Peter de nuevo se presentaba sin avisar en un mensaje a su móvil.

Hablamos de lo que nos pasaba. Asumí que me incomodaba la presencia de amigos del pasado. Ella me entendió, a su manera. Me dio un consejo. Me pidió que la dejara respirar. Reconoció que a menudo sentía la presión de mis muestras de amor como una medida de control. Y me pidió que dejara de enviarle flores. Intentó no gritarme. Sólo me miró asustada. Yo decidí que no la iba a perder por un ataque de celos. Quise frenar mi ira. Me controlé todo lo que pude y la agarré para fundirme con ella. La cogí demasiado fuerte. Creo que fue por estar demasiado cerca, que la ahogué.

Literalmente.

 Jimena

Fotografía de María Chamón

¿Y quién es la otra?

Con ella quería hablar. Necesito decirle algo.

Sí, es urgente.

El dolor de ella I

Lo entiendo pero necesito explicarle.

No es lo que ella cree. Nada que ver con lo que oyó.

Ni con lo que leyó.

Por favor, déjeme que le cuente.

No, yo no tengo la culpa pero quizás pueda ayudar a aclarar algunas cosas.

No cenamos juntos desde hace siglos.

Sí, nos vimos hace un par de semanas.

En mi casa.

No, a su casa no subí más que una vez, tenía respeto por los espacios comunes.

Respeto, sí. He dicho respeto.

Yo sabía que ella existía, y habló sobre la relación en algunas ocasiones. Se le veía feliz.

Lo lamento, pero yo estaba antes, ella también sabía de mí.

Y eso debería entenderlo.

Está bien, no puedo exigir nada. Lo entiendo.

Pero permítame insistir, entre ellos había algo más que no funcionaba, y no tenía nada que ver conmigo.

No, no fuimos capaces de cerrar una etapa de más de diez años.

Dígale que ella tiene algo que yo no conseguí.

Convivían juntos, se levantaba con él cada mañana. ¿Sabe lo que eso significa?

La eligió a ella, y quiero que lo oiga de mi propia voz.

Debe convencerla que hable conmigo, por favor.

Sólo quiero que sepa que me duele que haya sufrido.

Entiendo que leer una conversación así no debe ser fácil.

Me hago a la idea.

Sé todo el sufrimiento que le podría haber ahorrado.

Sin embargo, ahora ya sabe lo que tiene.

Él es así, siempre lo ha sido, y no cambiará.

Sí, sí. La dejo en paz. No quiero revolver más porquería.

¿Sabe que me ha dicho?

Está convencido que ella volverá. Aunque no le ha prometido nada, para evitarse la responsabilidad de no cumplirlo.

¿Lo nuestro? Sólo ha tomado una decisión, poner distancia entre nosotros.

No, no es definitivo, sólo hasta que vuelva a pasar. Hasta que nos volvamos a encontrar.

Es un frágil parche para evitar la tentación. No nos vemos, no nos tenemos delante y no nos arriesgamos. Sin embargo, seguimos sintiendo.

Y si ha resistido tantas lluvias, creo que una tormenta más la aguantará sin dificultades.

¿No cree?

Piénselo. Sigue siendo un maldito egoísta.

Pero la quiere.

Quiere estar con ella.

Nosotros vivimos de recuerdos. Su presente está con ella.

Espero que le haga llegar lo que le he contado. En usted confiará.

¿Sí? ¿Está seguro? Gracias. Muchas gracias. Es usted muy amable.

El dolor de ella II

¿Alejandra?

Hola. ¿Cómo estás?

Lo siento.

Jimena.

Fotografía de Alba Ruperez  albaruperez.tumblr.com