Archivo de la categoría: Segunda temporada

El Ex y sus matices

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Existen varios tipos de ex: los ex de mucho tiempo, los de media distancia, aquellos ex de relaciones cortas que tienes que superar precisamente por su brevedad, los ex de historias que no fueron relación pero tu creías que sí, incluso existen aquellos que dejaron un pequeño motivo por el que tienes que seguir manteniendo relación, al menos telefónica y visitas cada quince días. Hay un ex que me encanta, es el ex rollete que empezaba a ir en serio y te dejó porqué le entró el pánico y quería ir más despacio. Es decir, aquel que te quiere para un polvete pero no como novia y te llama, también cada quince días.

De repente, el día que menos te lo esperas tu ex reaparece en tu vida. Con lo tranquila que yo estaba y lo a gusto que estoy sin saber de él pero espiando su foto de perfil de Facebook de vez en cuando. Y ahí está, tu colega, tu madre o tu amigo de la infancia que te cuenta que se lo ha encontrado en Luz de Gas dándolo todo, o por la calle de detrás de tu casa paseando, o lo que es peor, en el aeropuerto, de casualidad haciendo la cola de Vueling (¡Pero si conmigo no viajaba!).

Primera pregunta: ¿cómo está? Aunque lo único que te importa es si iba acompañado y por supuesto si preguntó por ti. Respuesta: está guapísimo y se ha cambiado el look. Ahora va de “moderno” y ha dejado los zapatos aparcados en el armario. Pues ya era hora… Tú pones una sonrisa que tarda demasiado en salir y por dentro te cagas en la madre que lo parió, que fue tu suegra, eso sí, desde el cariño. Así, claro está, te han pillado. Y lo que aparentemente llevabas con cortesía y dignidad ahora, por culpa de esos segundos de más, se ha convertido en una bomba de diseño que tu colega va a tratar de hacer estallar.

La conversación sigue, y la parte en la que preguntó por ti no llega. Así que empieza a dejar de interesarte el resto. Si hay información jugosa acepto, pero el resto ya me lo sé y me aburre soberanamente. Y llega el momento del: bueno, y poco más… Ya estamos. Se va a saltar lo único por lo que llevo media hora aguantando la chapa. Voy al grano. Decido lanzarme aun a riesgo de quedar como una presuntuosa. Sé que en el fondo también quiere saber de mí y habrá aprovechado. Espero que le hayan contado lo bien y feliz que estoy, las escapadas románticas con mi nuevo chico a la Costa Brava, la cantidad de trabajo que tengo, los viajes programados en un futuro próximo, mis nuevas y delicadas aficiones, o la última vez que salimos de juerga y acabamos a las mil en la terraza de casa con decenas, que digo, cientos de amigos hasta el amanecer.

Ahí va. Oye, y que… ¿Te preguntó por mí?

Se hace el silencio y ves que la cosa pinta mal.

Sigue el silencio. Te cambia la cara y empiezas a pensar que es un capullo. Incluso que ya tiene información por otro lado. Hasta te da tiempo de pensar que si no pregunta es porque aún está resentido.

Pues sí. Me preguntó por ti.

Cambio de cara de nuevo. Y pregunto, confiando en que mi queridísimo amigo habrá hecho un gran papel. ¿Y qué le contaste?

Nada, le dije que todo bien, como siempre. Pocas novedades. Como siempre me dices que no quieres que sepa de ti, y que prefieres que te pregunte a ti… No sé, no te enfades Jimena, además no iba sólo, y no era plan de ponerme a contar las maravillas de su ex, delante de su nueva pareja. ¿No crees?

Jimena

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La inestabilidad de la media naranja

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La media naranja no existe. Olvídense.

Harta de leer manifiestos falsofeministas en los que se defiende un amor tradicional, cansino, resultado de una cosecha edulcorada en la que, insisto una vez más, Disney y su descendencia, hicieron mucho daño.

En primer lugar: el príncipe azul no llegará. ¿Podemos dejar de presionar a nuestros chicos exigiéndoles que les corra sangre real por las venas? Hacen lo que pueden, lo hacen lo mejor que saben y algunos de ellos hasta derraman lágrimas y se despiertan a media noche con sudores fríos empujados a un estado emocional del que somos poco conscientes. Bien, igual exagero un poco, pero he sido testigo de ese malestar provocado por el desamor o la ruptura, en la piel “socialmente insensible” del hombre.

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_MG_8753En segundo lugar: No sirve usar a nuestras amigas de psicólogas. ¿No nos damos cuenta que solo alimentan nuestros oídos de tópicos? Me cansé de escuchar el clásico: él se lo pierde, tú vales _MG_8755mucho, es un cabrón si no se da cuenta de cuánto lo has querido. O el tormentoso “no te preocupes, que si te quiere de verdad volverá, sino es que no te quería”. ¡Qué no, carajo!

¿Podemos usar de una vez esa inteligencia de la que nos han dotado, o supuestamente dotado, para pasar por el proceso de duelo? Seamos rompedoras y empecemos por rasgar nuestro discurso de víctimas de las relaciones frustradas.

En tercer lugar: tristeza sí, pero con matices. Nada de recrearse en ese bucle del subsuelo contaminado por Bridget Jones y helados de chocolate. Un ratito basta.

Sigo: ¿Mensajes públicos? Sean sutiles señoritas. No adopten actitudes Obregoniles más propias de mujeres celosas, enfermas y posesivas. La comunidad que les sigue en facebook no hará nada bueno con sus comentarios e indirectas lanzadas para atacar al que ya se sabe que lo está leyendo. Es más, probablemente lo usen en su contra cuando localicen el foco de su verborrea incontenida. Eso sí, obtendrá un numeroso grupo de fans. Aunque sirven de poco en los peores momentos.

Por último, y no menos importante, podríamos empezar a usar términos como relaciones sanas, compatibilidades y necesidades cumplidas por negociación. Una relación finaliza, y no es la única.

A riesgo de quedar como una frívola aclararé que en los últimos años he dejado, he sido dejada y he derramado algo más que lágrimas en sacos de angustia e impaciencia. El insomnio y la ansiedad me han acariciado por las noches. Y puedo decir, con la cabeza bien alta, que superar una relación y resolverla no son conceptos sinónimos.

Asumamos nuestro egoísmo innato, gritemos en medio de la calle que somos seres únicos y aceptemos, de una vez por todas, que con las medias naranjas, lo mejor que se puede hacer, es zumo.

Jimena.

Fotografía María Chamón

Entre mujeres

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Cada vez que hablo con Carmen por teléfono sube el pan.

Supongo que esas cosas me las cuenta a mí porque sabe que en esta especie de conciencia absurda que tengo cabe cualquier cosa.  Le contó a Pedro lo de la niñita esta tan mona que le pidió una cita, sí, la del cine del domingo. Pues me imagino que es porqué había quedado antes con él, pero lo de la chica ésta le apetecía, por probar…

Por supuesto, a mí me parece perfecto, no tanto que se lo cuente, sino que quede con ella. Oye, cada una a lo suyo, ¿no?

La verdad que estaba nerviosa, era la primera vez y sin experiencia como que la cosa parece un poco fría al principio. Pero pensó que podía ser divertido. Parece que siempre lo ha tenido en mente y se le presentó la oportunidad. Se conocían del parque, de pasear a los perros. Pues se le acercó y le preguntó lo típico, que si la raza por aquí, que qué tipo de pienso come por allá… Y una cosa llevó a la otra, hasta que le propuso la cita. Carmen no, la otra.

Cuando llegó a casa, saliendo del badulaque, se encontró a Pedro en la esquina y se lo soltó, así, en plan emocionada.

¿La respuesta de Pedro? Sorprendentemente típica ¿Puedo ir yo también?  ¿Os aguanto las palomitas…? Carmen se puso a reír y se fue a casa directa a llamarme por teléfono. Estaba como un flan. ¿Y si no hay feeling? Eso le dije yo, pues como con un tío que conoces en la discoteca. Sólo que le faltarán un par de copitas en el cuerpo para desatarse. Al final la cosa es igual, sólo que, del cuerpo que tienes delante, conoces cada rincón de placer. Además si la chica tiene experiencia lo mejor es que se deje llevar, ¿no?

Yo pensé lo mismo, qué típico. Es obvio que sigue existiendo esa fantasía en la mente masculina. ¿Un trío yo? Pero con dos tías, sino nada. Un clásico. Si supieran lo que pensamos…

Pues no se mucho más, supongo que mañana me contará. Si veo que se agobia con el tema quedamos las tres y le cuentas que no hay para tanto. Después de la primera vez siempre repites, ¿verdad? Todavía me acuerdo cuando me contaste lo de Andrea, que graciosa estabas disfrazada de no sé qué, con la camisa de cuadros arremangada.

Venga, hasta mañana niña,

Jimena.

Oda a los besos inocentes

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Sólo besos y a dormir, me dijo. Y yo le dije: ¿estás seguro? Tú mismo. Y con esa condición nos fuimos a la cama, sabiendo que con esa sencilla intención ya me notaba húmeda tan sólo al pensar que me quedaría con el caramelo en la boca, jadeante y sudada de puro placer.

Nos desnudamos al completo. Dos cuerpos lisos, sin nada más que nuestras miradas lascivas y nuestras intenciones más perversas.

Me dio el primer beso en la mejilla, lento, intenso, suave y largo, muy largo. Notaba el olor de su aliento y me ponía, obvio que me ponía. El segundo fue en la frente, igual, eterno.

No podíamos utilizar las manos así que decidió atarme al cabezal con mi propio sujetador, estaba vendida, y me gustaba. Mucho.

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Tampoco podíamos utilizar nuestros cuerpos para rozarnos, sólo dulces  e inocentes besos. Ese era el trato.

Y siguió acercándose a la comisura de mi boca, rozó el extremo izquierdo de mis labios y noté su lengua, un breve instante, pero la noté, siguió en el otro lado y otra vez la noté, caliente. Y mi mente iba a mil por hora imaginando como sería sentirla toda en la boca, con fuerza, jadeando a la vez, y esa prohibición hacía que humedeciera aún más mis bragas, porque el pacto eran besos, inocentes besos.

Llegó el turno del cuello y la pesadilla llegó con él. Oí un gemido seco de su garganta y me excité más, sabía que se estaba controlando y eso hacía que yo me resistiera a desprenderme de mis ataduras, pero no podía, mis manos estaban bien atadas y mi impotencia me descontrolaba.

Me lanzaba hacia él y me paraba, me agarraba de la cadera para que dejara de arquearme y yo sólo quería acercar mi sexo contra su piel, pero se apartaba.

Siguió por mi nuca y su aliento refrescaba la saliva que dejaba instalada en mi piel. Volvía a arquearme y volvía a apartarse, sólo notaba aire, y aire es lo único que me faltaba.robert_mapplethorpe_calla_lily_1986

Se deslizó por mis pechos, sin llegar a rozar mis pezones, sólo besos, inocentes besos,  máxima tortura, sin piedad. Besos lentos, pausados, rítmicos hasta la saciedad, y la lentitud me quemaba de nuevo, mi sexo se hinchaba por momentos y como un imán, de nuevo buscaba su piel, su sexo, y se apartaba de nuevo.

Llegó hasta el ombligo, lamía mi vientre y su jadeo enfriaba de nuevo su paso y yo no podía más, necesitaba contacto, presión.

Siguió hacia mi sexo, sabía que llegaría hasta allí y notaría como el placer me regalaba un escalofrío. Pero no fue así, se saltó el peaje para concentrarse en la parte interior de mis muslos. Llegó hasta mi ingle, rozando uno de mis labios y me besó de nuevo, beso inocente, lento, universal y yo sólo notaba como mi sexo ardía y palpitaba de la presión, quería su lengua dentro de mí, quería que me comiera, que me mordiera, incluso hubiera aceptado que me arrancara un pedazo de piel con tal de sentir algo más que su aliento.
Pero todavía no, porque eran besos inocentes, lugar prohibido para este juego masoquista, así que sólo podía aspirar a notar su roce constante y caliente que pasaba de un lado a otro saltándose el puto peaje a mi placer, y así siguió. Sólo mi imaginación traicionera me llevaba a la oscuridad de mi sexo porque no podía hacer nada, estaba vendida.

Al fin se despistó, se traicionó y rozó sus labios, un simple roce y entonces fue cuando estallé, saqué las fuerzas contenidas durante mi  captura infructuosa hasta al momento, y, pensando en que el puto juego ya había llegado a su fin, forcé con él hasta sentarme encima suyo y susurrarle levemente al oído: ahora llega mi turno…

Con todos ustedes,

Mía.

Fotografía de Robert Mapplethorpe

¿Cómo se llama lo nuestro?

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Pues nada, que me contaba el otro día Carmen lo de su Pedro. Hay que ver que coraje tiene el tío. Va y le dice que no está preparado para ponerle nombre a lo suyo. Pues como se va a llamar, RELACIÓN y punto.

Ella hecha polvo claro, como todas las otras veces. Sí, sí, ya lleva unas cuantas. Yo tampoco lo entiendo, la niña no se entera que el tipo está cargado de ostias.

No sé a qué espera, desde luego. A mí no me lo hace dos veces, menuda soy yo.

Le dijo que después de un año viéndose y durmiendo juntos día sí, día también, no sabe si quiere dar un paso más. “¿A dónde?” -Le dije yo…

Que está agobiado y se siente atado a una sola persona. Pues nada hombre, búscate tres o cuatro más, qué viendo como gestionas una se te va a dar bastante mal mantener otras cuantas.

Por la noche me llamó, me contó que cuando ella pronunció la palabra relación a Pedrito le cambió la cara. Yo no sé qué se pensará ese desalmado, supongo que se dijo: “a mí por relación no me viene nada”. Mira bien, a ver… Por la erre. Sí, de repollo. Que no, que no hubo manera.

Sí, eso también se lo dije. Pero a ver si la pobre no va a poder preguntar. Pues si tiene esa duda que la inquieta… Y luego ¿cómo lo presentas a tus amigas? Hola, este es Pedro, mí, mí… ¿Mí..? Bueno, es Pedro, joder, y ya está.

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Además, conociendo a Carmen, que hoy está aquí y mañana le da un aire y se quiere ir a Alemania que hay trabajo. No he visto una persona más pajarilla que ella, y mira que la quiero, pero es verdad. Acuérdate cuando lo de Birmania: excedencia y a cruzar medio mundo para trabajar en no sé qué proyecto humanitario.

Ya le dije yo, relación no es boda, ni padres, ni compartir piso, ni siquiera llamarse todas las noches, con un mensajito se apaña la pobre Carmen. Pero nada, que no hay manera.

Oye, te dejo que me llama mi madre, que va, ni de coña se lo cuento que luego le entran todos los males y me pregunta a mí por lo mío.

Una vez más, Jimena.

Fotografías de Richard Avedon