La inestabilidad de la media naranja

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La media naranja no existe. Olvídense.

Harta de leer manifiestos falsofeministas en los que se defiende un amor tradicional, cansino, resultado de una cosecha edulcorada en la que, insisto una vez más, Disney y su descendencia, hicieron mucho daño.

En primer lugar: el príncipe azul no llegará. ¿Podemos dejar de presionar a nuestros chicos exigiéndoles que les corra sangre real por las venas? Hacen lo que pueden, lo hacen lo mejor que saben y algunos de ellos hasta derraman lágrimas y se despiertan a media noche con sudores fríos empujados a un estado emocional del que somos poco conscientes. Bien, igual exagero un poco, pero he sido testigo de ese malestar provocado por el desamor o la ruptura, en la piel “socialmente insensible” del hombre.

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_MG_8753En segundo lugar: No sirve usar a nuestras amigas de psicólogas. ¿No nos damos cuenta que solo alimentan nuestros oídos de tópicos? Me cansé de escuchar el clásico: él se lo pierde, tú vales _MG_8755mucho, es un cabrón si no se da cuenta de cuánto lo has querido. O el tormentoso “no te preocupes, que si te quiere de verdad volverá, sino es que no te quería”. ¡Qué no, carajo!

¿Podemos usar de una vez esa inteligencia de la que nos han dotado, o supuestamente dotado, para pasar por el proceso de duelo? Seamos rompedoras y empecemos por rasgar nuestro discurso de víctimas de las relaciones frustradas.

En tercer lugar: tristeza sí, pero con matices. Nada de recrearse en ese bucle del subsuelo contaminado por Bridget Jones y helados de chocolate. Un ratito basta.

Sigo: ¿Mensajes públicos? Sean sutiles señoritas. No adopten actitudes Obregoniles más propias de mujeres celosas, enfermas y posesivas. La comunidad que les sigue en facebook no hará nada bueno con sus comentarios e indirectas lanzadas para atacar al que ya se sabe que lo está leyendo. Es más, probablemente lo usen en su contra cuando localicen el foco de su verborrea incontenida. Eso sí, obtendrá un numeroso grupo de fans. Aunque sirven de poco en los peores momentos.

Por último, y no menos importante, podríamos empezar a usar términos como relaciones sanas, compatibilidades y necesidades cumplidas por negociación. Una relación finaliza, y no es la única.

A riesgo de quedar como una frívola aclararé que en los últimos años he dejado, he sido dejada y he derramado algo más que lágrimas en sacos de angustia e impaciencia. El insomnio y la ansiedad me han acariciado por las noches. Y puedo decir, con la cabeza bien alta, que superar una relación y resolverla no son conceptos sinónimos.

Asumamos nuestro egoísmo innato, gritemos en medio de la calle que somos seres únicos y aceptemos, de una vez por todas, que con las medias naranjas, lo mejor que se puede hacer, es zumo.

Jimena.

Fotografía María Chamón

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2 pensamientos en “La inestabilidad de la media naranja

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