Con faldas y cirugía a lo loco

parablog

Empujadas y obligadas a leer anuncios en los que nos retratan como meros objetos consumidores de estética con el único objetivo de gustar al otro. Y hablo del otro como el hombre por definición. 

Leo: “El 69% de los hombres prefieren que una mujer lleve falda a que lleve pantalón, lo consideran más femenino y sexy”.

Y yo que creía que la publicidad sexista había pasado a mejor vida. Ilusa de mí.  De repente me acuerdo de aquella pobre estúpida inconsciente que decía: “Ahora mismo voy a llamar, solo pensar que puedo gustar a casi 70 de cada cien hombres, únicamente llevando falda, me pone los pelos de punta, creo que hasta me excita”. Seguro que lo habéis leído con tono de niñita repelente. Pues sólo añadir que va dirigido a todas, sin excepción ninguna, y menos por tono de voz.

Como mujer me enfado, obvio que me enfado. Aun a riesgo de que me tachen de ser la típica feminista revolucionaria que se indigna con el lenguaje sexista y que me vinculen a una estética masculinizada, dejada, algo distante de las estrecheces, un tanto desfasada incluso, y poco amiga del Rimmel, considero este anuncio, como poco, ofensivo.

Como hombre (si lo fuera) me enfadaría aún más. A nosotras nos condenan. A vosotros os tratan de cachondos superficiales busca bragas que babeáis al ver unas piernas a las que perseguís sin mirar más arriba. Y pregunto, ¿qué pasa con el 31% restante? ¿Cómo sois? ¿Sois raritos, o es que entendemos que el resto no mira las piernas porque pasan a ser el clásico hombre algo “ahippiado” que vende un discurso (también muy de Disney) sobre aquello que la belleza está en el interior? Y como consecuencia no consume este tipo de publicidad. Sólo hay dos opciones.

Alguien debería explicarme bajo qué patrones recortan a esta sociedad. ¿Qué estrategia siguen las empresas de publicidad para enmarcar al (idealizado) público potencial?

Más allá de la porquería que nos sirven con poca elegancia y menos sutileza, que puede resultar empalagosa y algo indigesta, creo que parte de la solución a este derroche de sandeces pasa por una conciencia del otro. Nosotras nos quejamos (algunas desde un silencio conformista). ¿Y vosotros? Os han retratado al más puro estilo fotomatón, por cuatro duros, en la primera esquina del metro y desde luego en un blanco y negro algo descafeinado.

Cada vez creo menos en las distinciones de género, no me convencen los estudios que diferencian a mujeres de hombres según sus patrones de conducta como seres estructuralmente diferentes. Me resisto a pensar que este asunto no tiene salida alguna. Cada una que se arregle lo que quiera, pero háganse un favor: que sea otro el motivo.

Una cosa más, debo confesar, en voz alta, que mis piernas no me gustan. Pero no me gustan a mí, el resto que se joda. 

He vuelto,

Jimena

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