Astrid y el calor

¿Quién me dijo que seria fácil? Nadie.

Decido poner a calentar agua porque sé que esta noche dormiré sola. Me quedo mirando el agua, a la espera de que hierva, y me salta una lágrima al pensar que yo estoy igual. Esperando.  Y llegaré a la ebullición. A la espera de un maldito mensaje. Una señal que me haga regresar a la tierra que pisamos. Y el agua empieza a hervir. Yo apago el fuego. Cojo el embudo, introduzco el agua en ese tipo de bolsas de agua caliente y pienso: sólo me falta la bata de mi abuela para ser como ella.

Cierro la bolsa y me la llevo al cuarto, abro la cama y la pongo en el lado vacío.  Pongo de nuevo el nórdico y dejo que la bolsa actúe, que desprenda calor.

Decido acabar mi copa de vino, me fumo el cigarrillo de las buenas noches y, mirando al vacío, pienso que he de ser fuerte.

Me lavo los dientes, cojo mi férula de descarga para evitar que mis dientes tropiecen entre si, cierro la luz y al meterme en la cama pienso que, al fin y al cabo, la cama está caliente y nadie me va a despertar con un ronquido, y a muy malas, siempre me quedará Alfonso, que vibra cuando se lo pido y para cuando he llegado.

Estoy aquí, en mi apartamento. Que parece más una caja de cerillas que una vivienda, delante del ordenador, con una copa de vino y un cigarrillo consumiéndose, y vuelvo a la misma pregunta: ¿quién me dijo que seria fácil?

Pues si, ahí estoy yo, pasando un puto duelo y sin ir de luto.

Astrid

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s